rhiannon

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En El 70% de las embarazadas que piden un parto natural acaban cambiando de opinión

En mi caso, yo tenía claro que iba a intentar un parto natural, pero que si me dolía demasiado prefería pedir anestesia y recibir a mi hija relajada y sin sufrir. Luego el destino, o la naturaleza, actúa como le da la gana. A las 6 de la mañana me despertó un estallido en mi barriga de 41 semanas. Había roto aguas. Desperté a mi marido, me duché y vestí sin sentir ni una contracción y nos fuimos al hospital. Allí comprabaron que el líquido amniótico tenía un color verdoso y había riesgo para el bebé. Tenían que provocar el parto, es decir, meterme oxitocina artificial, lo que provoca contracciones más fuertes y hace casi imprescindible la epidural. Intenté aguantar, de verdad, pero a las diez de la mañana no había ni postura, ni masaje ni balón de Pilates que me aliviara lo más mínimo. Pedí a gritos la epidural. La anestesista, una sádica a la que más le vale no volverse a cruzar en mi camino, me puso el cateter. Seguía sintiendo dolor, pero era soportable. Todo el personal, menos la bruja aquella a la que las propias matronas odiaban, fue encantador y muy atento, y mi marido estuvo todo el rato conmigo. A eso del mediodía dormí un rato. Pero el catéter estaba mal puesto y se acabó saliendo. Lo descubrieron cuando yo empecé a quejarme de nuevo porque el dolor era horrible. A media tarde me pusieron otra epidural, y yo seguía sin dilatar lo suficiente. Esa epidural no funcionó; durante horas estuve gritando desesperada sin poder dilatar, sin poder desconectar del dolor. Apenas recuerdo algo de las horas que pasaron entre la media tarde y la medianoche; a ratos perdía el conocimiento. Finalmente, después de 17 horas intentando dilatar los 10 cm de rigor, decidieron practicarme una cesárea. Entonces comprobaron que mi hija jamás habría podido nacer por sí misma, porque tenía 4 vueltas de cordón y no llegaba a empujar con su cabeza en el cuello del útero. Cuando oí a mi niña nacer y me dijeron que estaba bien, me quedé dormida. Una embarazada no es una enferma (si lo sabré yo, que en mi vida me he encontrado mejor que durante mi embarazo), pero la evolución humana ha convertido el parto en algo bastante más complicado para la mujer que para la hembra de otras especies. No todas tenemos el privilegio de parir en unas pocas horas y sin necesidad de asistencia médica. Si la presencia de los médicos y matronas, y la posibilidad de no sentir tanto dolor nos hace sentir más cómodas y más seguras respecto a la maternidad, ¿por qué estigmatizarlo? P.S.: Una de las matronas, que era amiga de mi madre y ya estuvo presente en mi nacimiento, nos contó que en algunos hospitales públicos ya no se pone la epidural porque es muy cara. En Suecia está prohibida. ¿Vamos a pasar de un extremo al otro?
  • karma: 65 | interesante
  • 22 de agosto de 2010 a las 02:56

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