
Hace unos años os expliqué en una entrada por qué se descalzan los niños, de manera casi constante, como si los zapatos fueran una tremenda molestia para ellos. La explicación es esa, que les molestan, que les privan de libertad y de sensaciones y por eso se los quitan.
Algunos se acostumbran y acaban aceptando las zapatillas de casa y otros no. Hagas lo que hagas te los encuentras descalzos, que es lo que sucede con los míos: llegan a casa y además de quitarse la chaqueta se quitan las zapatillas, y no precisamente para ponerse las de andar por casa.
El caso es que después de un tiempo de tratar de “convencerles” de lo adecuado que es que las lleven, más que nada para que no tengan los pies fríos, sin resultados positivos, me he dado por vencido porque en el fondo tengo claro que lo ideal es que vayan descalzos... ahora os diré por qué.








A las niñas desde pequeñas les encanta ponerse los zapatos de tacón alto de mamá y jugar a que son mujeres, maquillarse, ponerse joyas e imitar a sus madres, mi sobrina no pierde una oportunidad y le encanta ir de un lado a otro de la casa como si fuera una estrella de cine.
Como tantas otras grandes marcas,