Cada vez son menos los impedimentos para traer bebés al mundo por técnicas de fertilización asistida.
La congelación ha supuesto un gran avance dentro de la medicina reproductiva, que va evolucionando constantemente.
Hace algunos meses sabíamos de un bebé nacido de un embrión criopreservado durante 13 años, cuando se creía que el límite estaba en cinco años.
Hoy sabemos que hace pocos días nació en los Estados Unidos el segundo bebé, después del primer caso sucedido en Australia el año pasado, que ha nacido de la fecundación de un óvulo y un espermatozoide congelados.
A la madre de 36 años, quien tiene las trompas bloqueadas se le extrajo los óvulos y a los cuatro meses fueron fecundados por espermatozoides de un donante que estaban preservados a -196 grados. Fue implantado un solo embrión que ha prosperado con éxito.
La muestra es Noah Peter que nació con casi 3 kilos.

A diferencia de las anteriores técnicas de conservación de óvulos, la vitrificación evita que los óvulos sean dañados durante su preservación para un posterior uso, no se destruyen por la formación de los cristales de hielo como ocurría con las anteriores técnicas y se logra una alta tasa de supervivencia, hasta un 97% de ellos.