Educar con respeto (I)

Los niños están aprendiendo y creciendo. Dentro de su normal desarrollo pasan momentos, por sencilla evolución o por tensiones acumuladas, en las que pierden los nervios. Los adultos, que somos su ejemplo, no estamos preparados para controlarnos en estas situaciones y a veces podemos dejarnos llevar por la tensión, teniendo nosotros un berrinche y llegando a gritarles, amenazarles o incluso darles un azote. Pero nadie nos ha enseñado como educar con buen trato y respeto, y menos cuando estamos nerviosos también nosotros.
Somos humanos, no tenemos tampoco suficiente educación emocional para haber aprendido a controlar la violencia que nos brota de dentro, pero nunca es tarde para aprender a educar con buen trato. Al fin y al cabo, si no se debe pegar, ni amenazar ni gritar, si no queremos que nuestros niños lo hagan con otras personas o con nosotros mismos, ¿puede haber algo más contraproducente que hacerlo nosotros para castigarlos por haberse equivocado?
Estoy segura que los niños, en el fondo, de lo que aprenden de verdad es del ejemplo y la vida. Si nosotros queremos mostrarles como canalizar la rabia, el miedo, los celos o la ira, primero vamos a tener que educarnos a nosotros mismos para saber hacerlo de manera equilibrada y sin perder los nervios.
Y, además, nosotros, siempre lo digo, somos los adultos. Si hay que tener concesiones con la pérdida de control de una persona, yo me inclino a aconsejar que entendamos a los niños y enseñémosles precisamente como comportarse comportándonos como quisieramos que lo hicieran ellos.






