
Hoy, para conmemorar el Día Mundial del Sida, quiero aprovechar para hablar de la relación entre la lactancia materna y la prevención del virus. Un estudio ha comprobado que al contrario de lo que puede creerse, dejar de amamantar no disminuye el riesgo de contagio del virus del sida.
Los bebés cuyas madres son portadoras o enfermas de SIDA pueden contagiarse fácilmente a través de la leche materna, por lo cual la recomendación general es no amamantar.
Sin embargo, en ciertos países, precisamente en aquellos donde las tasas de VIH son más elevadas, no es fácil acceder a agua potable ni lavar correctamente los biberones para alimentar al bebé, pudiendo ser perjudicial para el pequeño tomar leche de fórmula. Es más elevado el riesgo de morir por enfermedades infecciosas por esta causa que contagiarse el VIH. Por eso, en países donde la salubridad deja mucho que desear, la lactancia materna es la mejor opción.


Desde hace unos años, hay abierto un debate entre las sociedades de Obstectricia y las de Prevención de Enfermedades, sobre la necesidad de realizar pruebas de rutina de detección precoz del VIH durante la gestación. Está demostrado que cuanto antes se detecte esta infección, el tratamiento es mucho más efectivo, y además si se consigue detectar durante los primeros meses del embarazo, se minimizan mucho los riesgos de contagiarselo al bebé.