
Los videojuegos pueden constituir una herramienta de aprendizaje positivo para los niños y familiarización con las nuevas tecnologías, pero pueden conllevar riesgos si no se hace un buen uso de ellos. Especialmente, si se abusa del tiempo de juego y se hace en solitario.
Cuando un niño pasa demasiado tiempo delante de un videojuego (o adolescente, o adulto, pero los más pequeños son los más vulnerables) puede desarrollar trastornos diversos, desde los físicos (vista cansada, obesidad o dolores de cabeza) a los psicológicos (aislamiento, irritación, agresividad y conductas antisociales).
Es por ello que, desde que son pequeños, los padres deberíamos supervisar sus juegos y el tiempo que pasan con ellos. De este modo evitamos que accedan a contenidos inadecuados (os recordamos qué significan los símbolos que acompañan a los videojuegos) y que pasen demasiadas horas frente a las pantallas.







