
Últimamente, cuando salgo de viaje con mis hijas, al principio, me digo “Nunca más hasta que pasen unos años”. Sin embargo, la sensación al final del viaje es la de “Qué pena que se haya acabado, ¿para cuándo el siguiente viaje?”. Y es que nadie dijo que viajar con niños fuera fácil, pero sí apasionante.
Siempre me digo que el día que se invente el teletransporte no dejaré de viajar (si es barato, claro…). Lo peor de los viajes, sin duda, son los desplazamientos. Las incomodidades del puerto, del aeropuerto, de la estación. Los largos trayectos en coche. Pero, según conozco cada vez más a mis hijas, somos los mayores los que lo pasamos peor.
Y menos mal que tenemos algunos trucos para hacer las esperas más llevaderas, los peques y nosotros. Para ellos, cualquier novedad es interesante, cualquier espacio es un juego, algo que por cierto nos ha de llevar con los ojos bien abiertos si no queremos que se nos pierdan jugando a exploradores en el aeropuerto.









