
El niño duerme “mal”, o es muy inquieto, o ha vomitado o tiene fiebre… y queremos una solución médica inmediata. La paciencia, el sentido común, parecen ser virtudes precisamente poco comunes en nuestro entorno.
En alguna ocasión os hemos hablado de la medicalización de nuestra sociedad, de cómo buscamos soluciones médicas a problemas que no lo son, o de cómo acudimos a los servicios de pediatría, muchas veces de urgencias, con situaciones que no necesitan asistencia (urgente o no).
Si esta asistencia a Urgencias no conllevara ningún perjuicio, perfecto. Pero el sistema sanitario no es precisamente boyante, y los recursos son limitados: en dinero, en tiempo, en personal…
Hacen falta más pediatras, y los que hay no pueden estar “desaprovechados”, ocupándose de problemas menores que no necesitan atención médica. En muchas ocasiones los padres tienen unas expectativas irreales sobre el curso de una enfermedad, y creen que acudiendo pronto al médico se solucionará antes, cuando muchas veces no es así.




