
En plenas vacaciones de Semana Santa muchos niños empiezan a quejarse porque se aburren. Al parecer no todo es diversión y se ha comprobado que muchos niños echan de menos las clases y a sus compañeros.
Al llegar estas vacaciones (y con las de verano pasa igual), los niños dejan de lado sus apretadas agendas y cuentan con una gran cantidad de tiempo libre que muchos no saben cómo llenar.
Muchos padres siguen trabajando, los que se quedan en casa con los niños se quedan pronto sin ideas y la consecuencia es que los niños acaban aburriéndose.
El problema es de los padres, pero lo es también de los niños. Es muy difícil llenar los días de los pequeños con actividades y juegos que les gusten y es fácil llegar al punto de “no sé qué más podemos hacer”.
