
Además de los beneficios más conocidos de la lactancia materna como alimento, ésta tiene una importante función en el desarrollo de los músculos faciales del bebé. El bebé amamantado realiza un diez por ciento más movimientos de succión que el que toma biberón, lo cual contribuye a un desarrollo facial armónico y ayuda a prevenir enfermedades como otitis y problemas de dicción.
El bebé tiene que hacer más movimientos para succionar el pezón de la madre que para tomar el biberón. Mientras que con la primera tiene que conseguir extraer la leche, con el biberón el flujo está garantizado.
Cuando un bebé succiona el pecho materno, sus mandíbulas y su lengua trabajan de manera coordinada. Succiona el pezón hasta la parte posterior de la boca y lo exprime para extraer la leche presionándolo contra el paladar. La lengua forma un canal debajo del pecho, mientras que sus labios se retraen y aprietan contra el pecho para mantener la succión.



He encontrado un artilugio que ha llamado mi atención porque veo que hoy día se pueden vender “soluciones” para todo. Se trata de un curioso dispositivo para evitar la succión del pulgar, tan frecuente en los pequeños y que algunos padres (¡y abuelos!) quieren evitar a toda costa.