
Que a más mujeres les gustan las telenovelas y a más hombres el fútbol parece estar comprobado, y este hecho tiene una base genética. Una base que, nada más nacer, hace que las niñas prefieran mirar los rostros más que los niños.
En el útero materno, en el primer trimestre de gestación de un bebé, se observa que en los niños hay presente más testosterona fetal que en las niñas. Entre los niños que tenían más testosterona fetal, una vez nacidos, miraban menos a los ojos a los demás, según se demostró en un estudio realizado por Simon Baron-Cohen en Cambridge, junto a su discípula Svetlana Lutchmaya.
La investigación consistió en filmar 29 niñas y 41 niños de 12 meses de edad para analizar con qué frecuencia el bebé miraba a su madre a la cara. Las niñas eran las que más miraba las caras de sus madres.







Que los niños puedan hacer preguntas que nos incomoden o que nos dejen bastante parados sobre sexo es habitual. Su curiosidad es fácil y conveniente de satisfacer, adecuándonos a su edad. 