
Cuando las personas crecen llegan a la edad adulta dejando atrás la infancia y la adolescencia. Esto hace que el ser niños sea sólo un recuerdo para muchos y que con la niñez se vaya también una buena dosis de alegría.
Seguramente esto sucede porque a medida que crecemos, los problemas crecen también con nosotros y allí donde apenas había preocupaciones y donde todo era juego y disfrute ahora hay poco tiempo para ello y demasiado para estar ocupados y preocupados.
Todo esto hace que haciendo cuentas se observe que los niños se ríen unas 20 veces más que los adultos. Ellos son capaces de reír hasta en 300 ocasiones a lo largo de un día y nosotros lo hacemos unas 15 veces.





