La cordocentesis o lo que es lo mismo, la funiculocentesis, es otra de las pruebas invasivas que se realizan en último lugar por su complejidad y riesgos, como la biopsia corial de la que hablamos anteriormente. Es la punción del cordón umbilical que une el feto con la madre para la obtención de muestra directa de sangre fetal para su análisis.
La técnica consiste en extraer sangre de la vena umbilical mediante una aguja, atravesando la pared abdominal y el útero. Esta prueba se realiza a través de control ecográfico y requiere un consentimiento informado por parte de los padres. Debido a su complejidad, debe ser realizado sólamente por médicos expertos. Es un método poco frecuente.
Se debe de realizar a partir de las 20 semanas de embarazo, para asegurar que el grosor del cordón sea lo suficientemente grande y disminuir así el riesgo de complicaciones a la hora de pincharlo.
Como la biopsia coriónica, su principal indicación radica en la detección en la ecografía de alguna malformación fetal, pero con la diferencia de que se utiliza para diagnósticos más tardíos, en la segunda mitad del embarazo.


El triple screening o triple test es uno de los test fundamentales dentro de las pruebas prenatales que realiza el ginecólogo a la embarazada. Es simple, consiste en una análisis de sangre en el que se miden unos parámetros especiales que según se encuentren aumentados o disminuidos, pueden indicar si existe alguna alteración en el feto. 
El Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología sugiere, que tras el aumento de bebés nacidos con Síndrome de Down en madres jóvenes (menores de 35 años), sean las futuras mamás las que decidan si desean realizarse las pruebas prenatales invasivas para determinar las probabilidades que el bebé padezca una enfermedad genética, tengan la edad que tengan.