En posts anteriores les había comentado la alergia que tiene mi bebé de 20 meses a las proteínas lácteas. Mejor dicho tenía.
En la última revisión de gastroenterología, dado que tanto las analíticas como el test cutáneo dieron negativos, su médico decidió ingresarlo durante 24 horas en el hospital para hacerle una prueba de provocación y asegurarse de que la leche no le produjera ninguna reacción alérgica.
La prueba de provocación consiste en administrar el alimento alergénico esperando entre dosis un margen de tiempo a ver si aparece respuesta. En el caso de mi hijo le administraron leche de vaca empezando por pequeñas dosis (5ml) hasta alcanzar el medio litro en dos horas. Las pruebas de provocación deben ser siempre realizadas bajo estricta supervisión médica y por un especialista con un amplio conocimiento de la alergia.
En el caso de niños pequeños la prueba puede resultar un poco incómoda sobre todo porque llega un momento en que el niño debe comer obligado e íntegramente las cantidades administradas.

Mi hijo menor que actualmente tiene 16 meses es alérgico a la leche de vaca, mejor dicho, a la proteína del vacuno. Una alergia que limita mucho su alimentación dado la cantidad de alimentos a los que se les añaden proteínas lácteas.
Al parecer, son muchos los profesionales de la salud que tienen dificultades cuando deben diagnosticar en los bebés los primeros síntomas de la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Por esta razón se ha creado una plataforma (Act Against Allergy) para identificarla, con el propósito de aleccionar y concienciar a los profesionales de la salud y a los padres.