Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Los hijos de curas han sido noticia. El Diario La Stampa hizo saltar el polémico tema cuando a principios del mes de agosto publicaba una noticia que indicaba que el Vaticano estaba estudiando la posibilidad de permitir a los sacerdotes reconocer civilmente a sus hijos, darles apellido y herencia sin que ellos modificase su estado religioso ni se tomasen medidas al respecto. Dos días después el Vaticano negaba que esto fuera cierto, e incluso que se hubieran tenido reuniones para analizar la cuestión.
Siempre ha habido hijos de curas. Al comienzo de la historia de la Iglesia los sacerdotes podían casarse y de hecho lo hacían. El celibato no llegó hasta varios siglos después y fue con mayor o menor frecuencia incumplido por sacerdotes de toda índole, desde los más humildes hasta algunos Papas. El problema real al que voy a referirme no es el celibato, que se trata de una cuestión de régimen interno de la Iglesia, sino de las consecuencias de su ruptura: niños sin padre.
Nada se me ocurre más sagrado que el deber de unos padres de cuidar y proteger a su hijo, de atender a la madre gestante y al pequeño ser. Un niño, además, necesita, tiene derecho, a una referencia vital segura, a ser mantenido y cuidado, a saber quien es. También, si tiene padre, nadie puede negarle el tener relación con su padre abiertamente y recibir su nombre.
Leer más