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Cuando éramos pequeños sólo se iba al pediatra cuando estabas malo. Ahora, sin embargo, gracias a la creación de los centros de atención primaria se intenta ofrecer a los padres lo que se llama prevención primaria, que consiste en ofrecer conocimientos y herramientas para que los niños consigan un estado de salud lo más óptimo posible y que enfermen, en consecuencia, lo menos posible.
Los profesionales de la salud siempre han contado con la total confianza de la población, que asumía un rol de inferioridad en el que los profesionales actuaban de un modo paternalista, diciendo a las madres y padres lo que tenían que hacer, culpabilizándolas si no lo hacían y tomando las decisiones relativas a la salud de los niños. En la actualidad se intenta que suceda lo contrario, que las madres y padres sean más independientes y por eso se les ofrece la información para que ellos tomen decisiones.
Internet y la publicación de diversos libros sobre crianza, que antaño no existían (o eran muy limitados), ha hecho que muchos padres estén muy informados y que al llegar al pediatra o a la enfermera reciban información anticuada, que ya de por sí es un problema, y lo que es peor, que reciban juicios de valor o reprimendas, como si siguiéramos en la época de nuestros padres.
Ante esta situación hay madres que responden y que dan su visión, diciendo la verdad sobre lo que hacen en casa, pero hay otras que prefieren mentir, dar la razón al profesional, que en muchos casos dice soberanas tonterías, y luego “ya haré yo lo que me parezca mejor”.
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