
Durante el primer año de vida el sistema renal es aún inmaduro para procesar grandes cantidades de sodio, así que la recomendación para cuando se empieza a introducir la alimentación complementaria, a partir de los seis meses, es no agregar nada de sal en la comida del bebé.
El sodio es un mineral necesario para el organismo, pero no en grandes cantidades ya que un exceso puede afectar seriamente la salud de las arterias a largo plazo aumentando el riesgo de enfermedades como hipertensión arterial o aumento del colesterol.
Los riñones del bebé aún son muy pequeños para manejar grandes cantidades de este mineral, por lo que el puré, las papillas o demás comidas que les preparemos deben ser en lo posible naturales, sin conservantes y sin agregado de sal.
