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Hace ya un tiempo que se oye hablar del denominado “tiempo de calidad”. Se trata de un constructo social que suele ir incluido en un discurso normalmente apaciguador dirigido a los padres y madres que tienen poco tiempo para estar con sus hijos, cuyo mensaje viene a decir que no importa tanto la cantidad de tiempo que los padres pasen con sus hijos, sino la calidad del mismo.

El tipo de sociedad en el que vivimos y el precio de lo que consumimos y del lugar en que vivimos hace que la mayoría de familias necesite dos sueldos para vivir. Hay familias que de no tener dos sueldos no tendrían qué comer, hay familias que de no tener dos sueldos no podrían pagar el coche nuevo, el dúplex, las vacaciones de verano o las cenas semanales y hay familias con otras realidades muy diferentes (casi tantas como familias), que también necesitan dos sueldos.

Para todas estas familias (el 99%, diría yo) se ha creado un sistema de vida en el que el cuidado de los niños recae en terceras personas de manera casi ineludible. O bien deben ser cuidados por familiares (normalmente los abuelos) o bien por instituciones públicas o privadas más conocidas como escuelas infantiles o guarderías.

Y cuando son mayores, o se quedan con los abuelos al salir de clase, o a hacer extraescolares o directamente solos en casa (350.000 niños de entre 6 y 14 años no encuentran a nadie en casa al volver del colegio).

Todo esto hace que quede muy poquito tiempo para que los padres estén con sus hijos (como nos comentaron los niños de las familias numerosas: ¿Cómo puede ser que los niños salgan del colegio a las cinco de la tarde y los papás no lleguen a casa hasta las ocho?).

Este es el modelo de vida actual, adecuado para que todos los engranajes capitalistas sigan funcionando. Los padres, trabajando para ganar dinero, tienen poco tiempo libre y por lo tanto viven con ciertas insatisfacciones y anhelos. Son productivos, pues trabajan, y a la vez son consumidores para aplacar esas insatisfacciones. Producimos y consumimos, la rueda perfecta.

¿Dónde entran los niños en este engranaje?

Este es el problema, que los niños entran con calzador. No les podemos poner a trabajar (producir) porque son demasiado pequeños. No les podemos hacer consumir, pues no tienen recursos económicos para ello (aunque sí podemos hacer que aprendan a elegir lo que queremos que elijan). Esto quiere decir que hay que buscarles un sitio.

Muchos padres, al serlo, ven como su escala de valores se redefine y reordena, sintiendo la necesidad y las ganas de estar con sus hijos y de verles crecer en sus primeros años. Esto hace que, en ocasiones, uno de los padres deje de trabajar (normalmente la madre) o bien solicite alguna excedencia o reducción de jornada.

Otras familias en cambio prefieren seguir trabajando para mantener el puesto, para crecer laboralmente, para no tener que prescindir de algunas cosas o porque consideran que es beneficioso para los niños ir a la guardería (y seguro que me dejo alguna razón más).

Lo cierto es que son muy pocas las familias que pueden hacer frente a una reducción de jornada o a la falta de un sueldo en casa y ello hace que la mayoría de niños pase mucho tiempo con terceras personas.

Ante esta situación, y con mensajes que provienen desde la ciencia que nos dicen que los primeros seis años son vitales para el desarrollo emocional, es habitual que los padres duden si lo que hacen es lo correcto y que se cuestionen si dejar a sus hijos con otras personas no mermará la relación padre-hijo o madre-hijo.

Para estos padres dubitativos que, como todos, quieren lo mejor para sus hijos, algunos autores, verdaderos apaciguadores sociales, sostienen un discurso tranquilizador en el que utilizan el tiempo de calidad como bandera llegando a decir que con 30 minutos al día en la relación entre padres e hijos, si el tiempo es de calidad, es suficiente.

¿Qué es el tiempo de calidad?

La percepción generalizada que todos tenemos al hablar de tiempo de calidad es la de aquel en que se comparten juegos, sonrisas, cuentos y actividades activas con los niños. Es un tiempo maravilloso para relacionarnos con ellos, para disfrutar y para que disfruten con nosotros.

El problema de este tipo de discurso es que al hablar de tiempo de calidad, queda relegado a “de no calidad” otro tipo de tiempo o actividades con los niños que también deberían vivir con los padres.

Dicho de otro modo:

¿Dónde está la línea que divide el tiempo de calidad del tiempo que no lo es?

Si tenemos en cuenta que las personas aprendemos por imitación, y los niños todavía más, pues centran sus cinco sentidos en absorber el mundo que les rodea, deberíamos considerar tiempo de calidad todo aquel tiempo que compartamos con los niños.

Esto significa que tiempo de calidad es:

Ir a comprar: Verte decir “buenos días”, “gracias”, “hasta pronto”, “te has equivocado con el cambio”, ayudarte a poner las cosas en la cesta de la compra, elegir manzanas verdes o rojas,…

Ir a la peluquería: Ver cómo le lavan el pelo a mamá, cómo se lo cortan y ver cómo mamá sonríe con 200 pinzas en la cabeza mientras juega con papá.

Fregar el suelo de casa: Dejarle que te ayude, darle una fregona para él (si es de su tamaño mejor), que vea que chupa agua, que se escurre y que luego puede limpiar el suelo con ella.

Hacer la comida juntos: Con los ingredientes que habéis comprado, descubrir el maravilloso proceso que hay entre la comida en el plástico y la comida en el plato.

No hacer nada: Sentarse en un sofá juntos (o separados) y dedicarse a la contemplación, a repasar el día, a no hacerlo, a pensar cada uno en lo que más le apetezca, en definitiva, a darse un respiro y dar rienda suelta a nuestros propios pensamientos.

Recoger la ropa de la lavadora: Sacar prenda por prenda e irla dejando en el cubo o metiéndola en la secadora al ritmo de “la camiseta azul de mamá”, “los pantalones tejanos de papá”, “tu pijama de Mickey Mouse”, etc.

La lista podría llegar a hacerse interminable. No hay mejor manera de enseñar a vivir a un niño que permitirle vivir nuestra vida a través de sus ojos y hacerles partícipes de lo cotidiano. Así, desde nuestra vida, ellos aprenden a vivir la suya y, poco a poco, van tomando las riendas.

El vínculo aumenta, la relación se hace más estable, los niños aprenden de nosotros y al sentirse cercanos a nuestras vivencias se sienten llenos de nosotros, con sus necesidades afectivas y emocionales cubiertas y más abiertos al diálogo.

Nosotros nos sentimos también más vinculados, redescubrimos el mundo a través de sus ojos y sus dudas y nos sentimos capaces de negociar con ellos desde el cariño y la comprensión.

¿Tiempo de calidad o cantidad de tiempo?

La respuesta es tiempo, ni más ni menos. Tiempo y cuanto más mejor (y parte de él dedicado en exclusiva a ellos, claro). El roce hace el cariño y cuanto más roce, más cariño. Recordad cuando os enamorasteis de vuestra pareja y queríais pasar largas horas compartiendo cosas con ella. Llamadas, mensajes, “ahora tengo un rato para verte”, el hormigueo y la necesidad de conocer más a esa persona.

Los niños vienen a ser, salvando las distancias, nuestros enamorados. Ellos querrían pasar las 24 horas del día con nosotros y sin embargo se nos está diciendo que “tranquilos, con 30 minutos os seguirán queriendo igual”.

Lo siento si toco fibras sensibles, pero nos están vendiendo la moto (y la estamos comprando).

Fotos | Flickr (pudgeefeet), Flickr (fazen), Flickr (James Jordan) En Bebés y más | Suspenso en conciliación familiar-laboral y sus consecuencias, Aprobado el Plan Educa 3, ¿para conciliar qué?, Para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar, Los horarios laborales y la soledad de los hijos En Peques y más | El tiempo de calidad

Seis lecturas recomendadas para padres (aprovechando las vacaciones)

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libros

Es probable que durante el año muchos padres no tengan tiempo de disfrutar de una buena lectura. Las vacaciones son el momento ideal para hacerlo.

Por eso, desde Bebés y más les queremos recomendar a los padres que se toman unos días de descanso un listado de libros muy interesantes que les acompañarán en la crianza de los hijos.

Desde luego, líneas de crianza hay muchas y puede que no todos los lectores del blog encuentren interesantes estos libros. La intención es crear una especie de guía de lectura de libros que me han gustado o me gusta su autor pues coinciden con una forma respetuosa y amena de criar a los hijos.

Allá vamos:

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Para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar

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una familia feliz

Los papás y mamás actuales se encuentran muchas veces desbordados. El ritmo de vida que les arrastra les deja poco tiempo para la reflexión. Las pautas educativas han cambiado tanto en tan poco tiempo que es difícil saber como actuar en las circunstancias complicadas. A los niños les compramos muchas cosas y los apuntamos a muchas clases, a los pequeños los estimulamos pero nos cuesta renunciar al ocio adulto para jugar con ellos. Cansados, caemos en los gritos, la impaciencia y los castigos, no sabemos como manejar las situaciones. Y es que para ser buenos padres hay algunas cosas que no pueden faltar.

Lo primero es tener autocontrol. Nos enfadamos con las rabietas, caprichos y regresiones de los niños, si lloran o gritan o patalean. Les exigimos un autocontrol que ellos no tienen y que lleva tiempo desarrollar. Pero lo vergonzoso es que les exigimos ese autocontrol prematuro y lo hacemos gritando, poniéndonos furiosos y atacados de los nervios.

Los adultos somos nosotros y si no hemos aprendido a estas alturas a controlarnos ya es hora de empezar a hacerlo. Nosotros tenemos que aprender a controlarnos y a organizar nuestro devenir cotidiano de un modo que nos permita disfrutar de esa mínima calidad de vida, en vez de montar en cólera si un pequeñín se ve desbordado por el cansancio o las emociones.

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El príncipe destronado

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Ve el video en el sitio original.

Hace ya tiempo leí una novela que se llamaba así: “El príncipe destronado“, de Miguel Delibes, en la que se basa la película “La guerra de papá”, con la que ilustro el artículo. Habla de la vida de un niño pequeño cuando llega su hermanita y él se encuentra que todo su universo se derrumba. Ya no es el centro de las atenciones. Se le pide, de repente, que deje de actuar como un bebé y asuma responsabilidades y comportamientos para los que no está preparado.

Pero el niño está asustado, siente que ha perdido su lugar en el mundo, el amor de su madre, sus prerogativas y su vida. Y como está asustado se enfada. Y se vuelve caprichoso y travieso. Incluso sufre una regresión a actitudes y comportamientos ya superados. Continuamente pide una atención que nadie tiene tiempo ni disposición para darle.

Y lo peor es que nadie lo entiende. Se enfadan con él, se desesperan. Nadie tiene el tiempo de atención, los mimos que dar y que él tanto necesita.

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Padres estresados, hijos con sobrepeso

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family

Si bien una de las mayores preocupaciones de lo padres con niños pequeños es la alimentación y el riesgo de cruzar la línea de la obesidad, uno de los factores que más predispone a los niños a sufrirla es el estrés de los padres.

Hay muchos otros factores que también inciden como, desde luego, la alimentación que proporcionamos a nuestros hijos, pero hasta en este punto el estrés de los padres tiene que ver.

Hoy en día, por exigencias de horarios, rutinas y trabajo, ambos padres están fuera de casa la mayor parte del día y apenas comparten con sus hijos, con suerte, una comida al día. Tenemos en general poco control de lo que comen nuestros hijos. Si a esto le sumamos que nos queda poco tiempo para cocinar recetas saludables elaboradas en casa y recurrimos a comidas preparadas, el resultado es una alimentación poco adecuada.

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¿Viajar en aviones separados?

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El avión es un medio de transporte seguro. De hecho dicen que es el medio de transporte más seguro, pues el número de accidentes y fallecimientos es muy inferior al de otros medios de transporte.

Sin embargo, la gravedad de un accidente con un avión es difícilmente comparable con la del resto de alternativas por razones obvias de peso, tamaño, velocidad y por moverse en el medio aéreo.

Quizá por esta razón mucha gente tiene miedo a volar y quizá por esta razón hay padres y familias que deciden viajar en aviones separados.

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La tripa de los futuros papás también crece

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pareja-embarazada

Cuando sus mujeres están embarazadas algunos hombres bromean mientras se refriegan la pancita diciendo que también están “embarazados”, pues han aumentado algunos kilitos más de la cuenta.

La tripa de la mujer crece en el embarazo. La de los hombres, también. Los futuros papás también engordan en el embarazo. Y no es sólo una creencia popular.

Así lo ha podido afirmar un estudio británico en el que se ha encuestado a 5.000 hombres a punto de convertirse en padres. Los resultados revelaron que los futuros papás engordan una media de 6,35 kilos durante la gestación.

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Nombres únicos para bebés, una tendencia en alza

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nombres

La elección del nombre del bebé es una decisión muy importante. Son muchas las cosas a tener en cuenta para acertar con el nombre que le daremos a nuestro pequeño.

Para ayudar a inspirarnos, innumerables sitios webs nos ofrecen listados y listados de nombres de niño y de niña, su origen, significado y rankings de los nombres más y menos populares a lo largo de los años.

Pero al parecer precisamente lo que los padres de hoy quieren es diferenciarse. Cada vez son menos populares los nombres más usados para, por el contrario, escoger los nombres más inusuales. Aquel nombre que no has oído en tu vida tiene mayores posibilidades de ser el perfecto.

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Cuando el padre no está de acuerdo con el colecho

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colecho

Todas las parejas que practican el colecho, es decir que duermen con sus hijos, lo hacen porque les apetece y por el beneficio emocional que supone para todos los miembros de la familia.

Se entiende que ambos padres están de acuerdo con que el niño (o los niños) compartan la cama con ellos. La mayoría de las veces las promotoras del colecho suelen ser las madres pues, entre otras cosas, el dormir con el recién nacido facilita la lactancia materna.

Hay muchos hombres que aceptan la decisión de su pareja de que el bebé duerma con ellos, pero puede que en ocasiones el padre no esté de acuerdo. ¿Qué sucede cuando la madre quiere y el padre no quiere practicar el colecho? Tú que piensas, ¿es egoísta por su parte o es una elección respetable?

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Reacciones a la pérdida de un bebé prematuro

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Perder un hijo debe ser una de las experiencias más traumáticas que pueden vivir unos padres a lo largo de su vida.

Desde luego, no todas las personas reaccionan de la misma forma ante la muerte de un bebé. Hay quienes se aíslan mientras que otros buscan el apoyo de los seres queridos.

Investigadores suizos han querido analizar el comportamiento de 22 parejas que habían perdido a sus bebés prematuros entre dos y seis años antes para llegar a una reflexión al respecto.

Como es de esperar, la pérdida seguía teniendo un papel central en la vida de las parejas, aunque no todas las personas son iguales, por lo que en 10 parejas el nivel de duelo era diferente entre los esposos. En cambio, en 12 de las 22 parejas, ambos esposos vivían el duelo de forma similar.

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Cuando el niño rechaza a papá

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papa acompaña a su hijo

Hay niños que rechazan a papá en algún momento de su desarrollo, especialmente cuando si madre está presente. No es que no lo quieran, o que no sean capaces de pasar ratos estupendos con su padre, pero se dan casos en los que, estando ambos progenitores presentes, el niño aparta al padre, no quiere que se le acerque y se pega con desesperación a la mamá.

Las familias viven esta etapa con desconcierto y angustia. El padre se siente apartado y puede reaccionar con despecho, considerando que el niño está demasiado apegado y que la madre lo sobreprotege.

La mujer se siente partida en dos, por un lado siente la necesidad de responder a la intensa necesidad que expresa el niño pero por otro lado no la entiende, está emocionalmente agobiada y se apena por su pareja. Si el papá se enfada con el niño o con ella puede que la mujer se sienta culpable y termine obligando al niño a apartarse de ella, lo que no suele tener buenas consecuencias para nadie.

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