
La muerte de un ser querido, y sobretodo de un hijo, es una de las experiencias más difíciles por las que puede pasar un ser humano. Seguramente habréis oído aquello de que cuando en una pareja que lleva muchos años juntos uno se muere, el otro muere al poco tiempo, porque no es capaz de seguir viviendo en soledad. Pues algo similar sucede al perder un hijo de pocos meses, porque los padres que han perdido un bebé antes de cumplir un año de edad tienden a vivir menos.
Investigadores del Reino Unido analizaron una muestra aleatoria de padres y madres cuyos niños sobrevivieron más allá del primer año de vida, y de padres y madres cuyo bebé falleció antes de llegar a cumplir el primer año de vida. Han encontrado que los padres y madres que pierden a su hijo durante los primeros 12 meses de vida sufren un aumento significativo del riesgo de morir ellos mismos a una edad temprana. Y que además, el efecto puede durar hasta 25 años después del fallecimiento del bebé.
No cabe duda que la pérdida de un hijo puede tener efectos devastadores en los padres, pero parece ser más acentuado en el caso de las madres. Las cifras del estudio demostraron que las madres que habían perdido un bebé eran especialmente propensas a fallecer de modo prematuro.


