
Lo cierto es que la situación no es nada fácil para las madres trabajadoras españolas. La dificultad (por no decir imposibilidad) de conciliar la vida laboral y familiar hace que la mayoría de ellas, nada menos que el 85 por ciento, no quiera tener más hijos. No porque no quieran, muchas de ellas los tendrían, pero deciden renunciar a la maternidad por motivos laborales.
Es una de las conclusiones de un estudio de la Fundación Acción Familiar, recogidas en el libro “Mujer e Igualdad de Trato. Análisis de la maternidad en la Unión Europea”, que compara datos sobre maternidad y trabajo en varios países europeos, situando a España como uno de los países con mayor discriminación laboral hacia las madres.
Son muchas las mujeres que resignan su vida profesional para dedicarse al cuidado de sus hijos, mientras que otras hacen malabares para intentar compatibilizar ambas cosas. La principal razón por la cual las que trabajan pasan de tener más hijos son las jornadas laborales excesivamente rígidas y prolongadas, totalmente incompatibles con el horario escolar.




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Ayer ha salido a la luz una noticia sobre el caso de una madre trabajadora que debería sentar precedente, aunque es lamentable que haya tenido que embarcarse en procesos judiciales para conseguirlo. 

Es una vergüenza que por un lado nos rasguemos las vestiduras por los bajos índices de natalidad en España mientras que por el otro salgan a la luz noticias como que el 90% de las jóvenes embarazadas sufren mobbing maternal en España.