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Miedos infantiles

De repente tiene miedo a muchas cosas que antes no le asustaban

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Niños y miedos infantiles

Hace unos días oí el testimonio de una madre que explicaba, preocupada, que su hijo había empezado a manifestar miedos ante cosas que antes no le perturbaban en absoluto. Tan preocupada estaba que llegó a solicitar una visita con un psicólogo infantil para que valorara el cambio de comportamiento de su hijo.

El niño contaba entonces con algo más de dos años de edad y, antes de poner a actuar a mi mente de enfermero para buscar una posible causa fisiológica y antes de poner a actuar a mi mente de pseudopsicólogo para encontrar causas que provoquen dicho efecto decidí activar mi mente de padre con sentido común, pensando en cómo habían vivido los miedos mis hijos.

Seguro que más de una madre o padre dirá lo mismo que yo: es posible que haya algo que un psicólogo deba valorar, pero es completamente normal que un niño no tenga ningún miedo cuando es pequeño y que tenga unos cuantos cuando crece.

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Spray para espantar monstruos

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He encontrado una solución sencilla y creativa para ayudar a los niños a superar sus miedos nocturnos: un spray para espantar monstruos que podéis preparar en casa muy fácilmente.

Se trata de un envase con pistola que podemos rellenar con agua con colonia o con una gotitas de aceite esencial de lavanda o manzanilla, que van muy bien para facilitar el sueño.

Por fuera le pegamos algunas pegatinas o dibujos de ogros y monstruos hechos por los peques y ya tenemos listo el spray anti-monstruos para echar en la habitación de los niños a la hora de irse a dormir.

Con este spray para espantar monstruos que huele tan bien, no volverán a molestar, seguro. Es una buena idea para ayudarles a superar los miedos que acechan a los niños por la noche como el miedo a la oscuridad, las pesadillas y los temores nocturnos. ¿No es genial?

Vía | Decopeques
Foto | Happy go lucky
En Bebés y más | Cómo ayudarle a superar los miedos nocturnos, El miedo a la oscuridad en los niños

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Fluff, muñecos para ayudar a los niños a superar sus miedos

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Los miedos infantiles son algo natural. Es un estado que favorece la adaptación del niño al entorno y le ayuda a evolucionar. Como padres debemos ofrecerles nuestro apoyo y compañía, pero también podemos contar con recursos como libros o juguetes como Fluff, unos muñecos creados para ayudar a los niños a superar sus miedos.

Edredón, Colchón, Culito Rana y Gamberro son cuatro peluches que han sido creados basados en el diseño y la psicología infantil. Cada muñeco acompaña a los niños en diferentes miedos comunes en la infancia.

Edredón y Colchón han sido creados para los miedos nocturnos, temores relacionados con la oscuridad, la noche, las pesadillas, dormir solos y los primeros miedos del niño como la separación de los padres o el miedo a empezar la escuela; Culito Rana ha sido creado para superar el miedo al dolor, el temor a ir al médico, a ser hospitalizado o a hacerse daño; Gamberro, mitad gamba mitad perro, para superar el miedo al rechazo y el temor y la negación a ser corregido o regañado.

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Miedo a los extraños

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Alrededor de los seis meses y hasta que cumplen los dos años aproximadamente, los bebés atraviesan una etapa en la que sienten miedo a los extraños.

Como los demás miedos infantiles es un estado natural que favorece la adaptación del niño al entorno y le ayuda a evolucionar, y por supuesto, es un comportamiento que debemos aceptar sin forzarlos a aceptar a las personas que rechaza.

Muchos padres se angustian al ver el llanto desconsolado del niño al dejarlo en brazos de un extraño, o incluso de personas conocidas con las que hasta hace poco el bebé se encontraba a gusto.

El miedo a los extraños es algo normal. Mientras que algunos niños están encantados de ir de brazo en brazo, hay otros más tímidos que en alguna etapa de su desarrollo prefieren estar solamente con las personas de su máxima confianza. Es cuestión del temperamento de cada niño y hay que respetarlo.

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Miedos patológicos: ¿cuándo buscar ayuda?

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Miedos infantiles

El miedo es un sentimiento universal y normal, expresión del temor. Pero a pesar de que el miedo es un sentimiento natural y tiene un punto de conexión con la esencia de la humanidad y con la necesidad de preservar la vida, no es agradable para nadie.

Normalmente, los niños tienen miedos que van organizándose en su mente como parte del aprendizaje, estimulándolos y conformando su personalidad. Algunos serán más impresionables que otros.

No suelen ser los casos habituales, pero cuando el miedo no ha podido actuar de estímulo y organizador de la psique del niño y se convierte en un sentimiento incontrolable y destructor, la situación se revierte en un daño muy claro e intenso.

Entonces, se necesita una ayuda externa (pedagógica, social, psicológica, psiquiátrica…). Sería en los casos siguientes cuando el miedo irracional necesita ayuda, signos de alarma que nos indican que el miedo (o su ausencia) no es normal sino que se convierte en patológico:

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El miedo a serpientes y arañas no es innato, sino aprendido

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Las serpientes y las arañas son objeto de los miedos más comunes. Pero, os habéis preguntado alguna vez cuándo nacen estos miedos en nosotros. Un estudio realizado con bebés señala que el miedo a serpientes y arañas no es innato, sino aprendido desde muy temprano.

Un tiempo atrás comentamos una investigación que se planteaba si la aracnofobia es innata, fruto de una herencia traspasada de padres a hijos como medio de supervivencia, sin embargo una nueva investigación publicada en una revista especializada parece echar por tierra esta teoría. Los niños no nacen sintiendo miedo por arañas y serpientes pero aprenden rápidamente a detectar estas amenazas.

Al enseñarle a bebés de siete meses dos vídeos, uno de serpientes y otro de especies no amenazantes como elefantes a la vez que sonaba una voz amenazadora y otra feliz, los pequeños permanecían más tiempo mirando a las serpientes cuando escuchaban las voces de miedo, pero no parecían estar asustados.

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El miedo a la oscuridad en los niños

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Uno de los miedos más frecuentes en la infancia es el miedo a la oscuridad. Suele aparecer en los niños aproximadamente a partir de los tres años y durar hasta los ocho o nueve años.

El miedo en los niños, al igual que en los adultos, es un estímulo que nos hace estar alerta ante determinadas situaciones. La oscuridad hace aflorar en los pequeños los pensamientos negativos, los personajes terroríficos de los cuentos, el temor a los monstruos, a los fantasmas, a los ogros, a la soledad…

Son muchos los niños a los que no les gusta dormir en la oscuridad total. El miedo a la oscuridad aparece por la noche, en el momento de irse a la cama, cuando el niño se encuentra solo en su habitación. Es un momento crucial para los ellos.

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Cronología de los miedos infantiles

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Miedos infantiles

Las manifestaciones del miedo son distintas en cada niño, así como la intensidad del sentimiento y su naturaleza. Pero sí se puede establecer cierto patrón cronológico de los miedos infantiles, cómo evolucionan estos miedos a medida que el niño va creciendo.

Los miedos que siente el bebé y el niño son variados, y en un intento de sistematización, los psicólogos estadounidenses Thomas R. Kratochwill y Richard J. Morris establecen una tabla de los miedos infantiles considerados “normales”.

En su obra “Treating children’s fears and phobias: a behavioral approach” (“El tratamiento de los miedos y las fobias de los niños: un enfoque conductual”) observamos la siguiente evolución de los miedos infantiles.

  • Bebés de 0-6 meses: pérdida súbita de la base de sustentación (del soporte) y ruidos fuertes.
  • Bebés de 7-12 meses: a las personas extrañas y a objetos que ve de manera inesperada.
  • Niños de 1 año: separación de los padres, a los retretes, heridas, extraños.

Los miedos que siente el bebé

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El miedo o temor es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. Los bebés también tienen miedo, desde que nacen, aunque la naturaleza de los temores irán variando a lo largo de su vida.

A pesar de que este sentimiento es natural y tiene un punto de conexión con la historia de la humanidad y con la necesidad de preservar la vida, no es agradable, y hemos de tener claro que nosotros, sus padres, podemos y debemos mitigar esos miedos.

Si tenemos en cuenta el estado de extrema dependencia en el que nace un niño, entenderemos que los bebés sean más frágiles ante el miedo y susceptibles de sentirlo.

El vínculo con la mamá que lo cuida y se ocupa de satisfacer sus necesidades, ya empieza a proporcionar al bebé el sentimiento opuesto al miedo, de confianza y seguridad. La actitud de la madre puede trasmitirle esa confianza o, por el contrario, traspasarle un estado indefinido de tensión.

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Educar con respeto (II)

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Educar con respeto

Al educar con respeto sembramos respeto. Hablé en un tema en el que anteriormente abordaba esta cuestión de lo inevitable que es la vida y en la crianza el encontrarnos con coflictos. Con los niños, especialmente, somos nosotros, los adultos, quienes debemos guardar la compostura y ser pacientes, pues enseñarles el respeto se hace con el ejemplo, y no con las amenazas o el chantaje emocional.

Pensemos en cuando nos encontramos sobrepasados por la tensión y muy enfadados. A nosotros mismos nos puede resultar complicado hablar en ese momento con serenidad. Si se trata de un niño, con menos experiencia en el manejo de las naturales emociones negativas, el problema es doble. Sin embargo a veces nos empecinamos en que razonen y se calmen en esos momentos. Y eso es un error.

Cuando estas muy enfadado necesitas tu tiempo para serenarte y sobre todo, no sentirte juzgado, ni amenazado, ni que se burlen de ti. ¿Que nos gustaría que hicieran con nosotros? ¿Mandarnos a otro cuarto para que nos calmemos y rechazrnos, diciéndonos que no nos querrán si no nos controlamos? ¿A qué no?

Pues para un niño es igual. Necesitan que permanezcamos a su lado, sin obligarlos a verbalizar, y sobre todo, sin enfadarnos nosotros más. Dadas las condiciones de tranquilidad, pasado el momento de la rabia, habiendo sentido nuestro cariño, entonces estarán preparados para hablar, pero no en medio de la refriega.

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