
Hace unos días oí el testimonio de una madre que explicaba, preocupada, que su hijo había empezado a manifestar miedos ante cosas que antes no le perturbaban en absoluto. Tan preocupada estaba que llegó a solicitar una visita con un psicólogo infantil para que valorara el cambio de comportamiento de su hijo.
El niño contaba entonces con algo más de dos años de edad y, antes de poner a actuar a mi mente de enfermero para buscar una posible causa fisiológica y antes de poner a actuar a mi mente de pseudopsicólogo para encontrar causas que provoquen dicho efecto decidí activar mi mente de padre con sentido común, pensando en cómo habían vivido los miedos mis hijos.
Seguro que más de una madre o padre dirá lo mismo que yo: es posible que haya algo que un psicólogo deba valorar, pero es completamente normal que un niño no tenga ningún miedo cuando es pequeño y que tenga unos cuantos cuando crece.









