
Si hay algo que nos gusta a los padres es hacer comentarios sobre nuestras propias experiencias como tales, para comparar, advertir, recordar, compartir… aunque no nos hayan pedido opinión. Una de las frases que más he escuchado estos últimos meses es la de “Pues mi hijo se chupó el dedo hasta que tuvo X años”.
Claro, que este dato no aparece de repente sin venir al caso, sino que viene dado al observar el placer con que mi bebé se chupa el dedo desde los dos meses de edad. Ya os comenté cómo a veces, entre chupete y dedo no se puede elegir.
El caso es que he oído todo tipo de comentarios, y creo que la edad máxima para los chupeteos de hijos (o sobrinos, o primos…) ajenos ha sido de 14 años. ¡Chupándose el dedo hasta los 14 años! ¿No os parece increíble?
También recuerdo especialmente el caso de una niña que se chupó el dedo hasta los 9 años y había quedado “picuda”, esto es, con los dientes superiores deformados hacia fuera en forma de pico.


A mi bebé de 5 meses le encanta jugar en la alfombra o manta de actividades. Estoy muy contenta con este regalo, no sabía que iba a pasar tantos buenos ratos ella, y yo con ella.
Normalmente las noches con mi bebé están siendo bastante tranquilas. Desde que nació se duerme sola y como aprendí a reconocer sus ruiditos de hambre no ha llegado a llorar por las noches debido a que necesitaba comer.
Los plácidos momentos en que mi bebé descansa tranquilamente oyendo música, observando el móvil colgante o toqueteando un peluche sonajero parecen ir acabándose poco a poco. Desde hace unas semanas observo algo que me sorprendió y preocupó al principio: Mar lloraba sin motivo aparente.
Hace tiempo que no hablo de mi bebé porque estaba esperando el momento de anunciarles que camina, pero ese momento se está retrasando más de lo previsto ya que está a punto de cumplir los 15 meses y todavía no camina sola.
Como nos comentaban VelSid
Este post lo tengo planeado hace varios días con la idea de adjuntar un audio con las primeras palabras de mi beba de ya 13 meses que para mi alegría han sido unos sonoros “mamá”.
La gran noticia es que ya dice sus primeras palabras. Esta vez me ha tocado a mí todo el honor de su primera palabra entendible, para compensar el primer “papá” de mi hija mayor.