
Vivimos rodeados de humos, de sustancias tóxicas, de coches circulando junto a nuestros hogares… La contaminación produce una alteración negativa del estado natural del medio, y afecta a las personas. Es un hecho probado que los ancianos y los niños son más vulnerables a la contaminación atmosférica.
Nuevos estudios realizados en España confirman la relación entre las partículas en suspensión PM2,5 (llamadas así por medir menos de 2,5 micras de diámetro) y los efectos adversos que provocan en la salud, especialmente de niños y ancianos.
Las partículas en suspensión incluyen un amplio espectro de sustancias orgánicas o inorgánicas, dispersas en el aire, procedentes de fuentes naturales y artificiales.
En relación con sus efectos sobre la salud, las PM2.5 (partículas “respirables” menores de 2.5μm) pueden penetrar hasta las zonas de intercambio de gases del pulmón. Provienen en casi un 90% del tráfico que emiten los coches (los motores diésel, seis veces más que los de gasolina).








