¿Dejarles que se estrellen o permitir que lo intenten?

Este es un tema que ha salido a menudo en conversaciones con compañeras de trabajo, amigos, conocidos, etc.
También lo he vivido en mis carnes como hijo y probablemente lo viviré como padre.
Por la naturaleza exploradora de los niños, por las capacidades de invención, por la ilusión de aprender y de iniciar nuevos proyectos llegan a veces momentos en que ves, como padre, que tus hijos van directos al fracaso.
“Se va a estrellar fijo” piensas y mientras tanto recuerdas el día que tú quisiste hacer lo mismo y que te estrellaste también o el día en que estabas decidida a intentarlo y te dijeron “te he dicho que no, lo hacemos por tu bien, un día lo entenderás” sintiéndote totalmente frustrada y enfadada.
Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Intervenir o no? ¿Dejar que lo intenten o negarles esa posibilidad a sabiendas que saldrá mal?

Cuando un libro tiene este agresivo título cuya idea central es: “los hijos son como los pimientos de Padrón, unos pican y otros no”, me despierta bastantes recelos de entrada, porque responde a la línea tan de moda de insultar a los niños e intentar meternos miedo a los padres: “el pequeño tirano”, “el dictador en casa”, “SOS: adolescentes”, etc.



