
Era yo muy pequeño la primera vez que mi madre me aseguró que no me pasaban más cosas porque mi ángel de la guarda me protegía. Eso de tener un ángel de la guarda me daba un poco de miedo, básicamente, porque no le veía.
Pasaron los años y una oración, que no recuerdo, me convenció de que tenía cuatro ángeles, uno por cada pata de mi cama, algo que me hizo sentir más seguro, pero a la vez más inquieto.
La realidad de la vida me llevó a dejar de creer en todo aquello que no vemos y desde el “cielo” vela por nosotros para ayudarnos y cuidarnos, pero desde hace unos años, más o menos tres, que son los años que hace que tengo a mi segundo hijo Aran, creo que he vuelto a creer en el ángel de la guarda de nuestros hijos.









