Volvemos a utilizar una viñeta de Francesco Tonucci para mostrar una realidad que parecemos haber olvidado, precisamente, los que de pequeños más uso hacíamos de la imaginación, que el mejor juguete no siempre se paga, sino que vive en nosotros.
Antes para lavar los platos hacía falta poco más que agua y jabón, ahora es necesario un lavaplatos. Antes calentábamos la comida en la cazuela, ahora necesitamos un microondas. Antes veíamos la tele un rato, leíamos libros y cuentos y jugábamos en la calle a muy diversos juegos que nosotros mismos inventábamos.
Lo que quiero decir es que ahora, con la tecnificación de todo y con la presencia de aparatos para cualquier cosa (si hasta existen aspiradoras que van solas), tendemos a creer que los niños necesitan juguetes para divertirse y, muchas veces, lo que conseguimos es precisamente lo contrario: romper la magia del juego que habita en sus cabecitas y no en el objeto.











