
Son asombrosos los estudios que se están realizando sobre el funcionamiento del cerebro de los bebés, y son asombrosas también las capacidades que tienen con apenas meses, e incluso días. Lo último que se ha sabido es que los recién nacidos son capaces de distinguir idiomas.
Nada más nacer son capaces de distinguir algunos pares de idiomas como el inglés y el francés o el japonés y el inglés, mientras que a los cuatro meses logran diferenciar el catalán del castellano. Hay que aclarar que dicha distinción no se produce si el catalán es de Lleida, debido a la diferente pronunciación de las vocales.
Explican además los autores del estudio, que aunque un niño crezca en hogares bilingües, “la mayoría de los seres humanos no aprenden más de una lengua desde el nacimiento”. Si cada uno de los padres habla una lengua distinta, el bebé aprende primero, por lo general, el de la madre, el que ha estado expuesto durante más tiempo.




Para algunas parturientas la comunicación con su ginecólogo no es lo suficientemente fluida ni aún hablando el mismo idioma, por lo que puedo imaginarme la desprotección que puede sentir una mujer que llega a parir a un centro médico donde no comprenden su idioma.
Pues ojala mi marido o yo hubiésemos sabido un montón de idiomas para haberle hablado y cantado a nuestro hijo durante sus primeros 6 meses de vida, porque según investigadores británicos los bebés que escuchan discursos en lengua extranjera aprenden idiomas más rápidamente en las escuelas o como adultos.