
Vamos a realizar un breve repaso por la historia, los orígenes y evolución de la cesárea. La cesárea es un procedimiento quirúrgico extremadamente antiguo. Parece ser que ya era conocida en el año 715 a.C. según han investigado los historiadores.
Entonces, una ley romana dictada por Numa Pompilio, la “lex caesarea”, prescribía su uso como una manera de sacar al bebé del vientre de la madre cuando ésta acababa de morir, a fin de enterrarlos separadamente y, en raras ocasiones, para salvar la vida del bebé.
Cuenta la leyenda que Julio César nació mediante una operación así en el año 100 a.C., y de ahí provendría el nombre, aunque es probable que derive realmente de la ley anterior. Además, el término podría derivarse del verbo latino caedere, “cortar, efectuar una fisura”.
Muy probablemente es una combinación de lo anterior. El inicio de la historia es casi con certeza el verbo caedo: en Roma se empleaba la explícita frase “a matre caesus” (‘cortado de su madre’) para describir la operación.







Y es que eso de resistirse a las pasiones no le venía de familia. Su madre, Pasifae, había concebido tal pasión alocada por un toro, que llegó a tener un hijo con él, un hijo que tenía cuerpo de hombre y cabeza de toro y que era una bestia peligrosa y comedora de hombres. Al Minotauro estaba ligado el destino de Ariadna.
Casandra, hija de Priámo y Hécuba, hermana por tanto de Héctor y Paris, princesa de Troya, es una de ellas. Hermosa, encendió el deseo del dios Apolo, que para convencerla para que lo amase, le ofreció el don que ella pidiera. La muchacha, coqueta y soñadora, pero ambiciosa de sabiduría, pidió un don precioso, el más poderoso que a Apolo se le podía pedir: la profecía. El dios cedió y desde entonces Casandra sería capaz de conocer el futuro sin error. 