
Papá y mamá “A” tienen un hijo que en septiembre acudirá al colegio por primera vez. Empiezan a mirar colegios para ver cuál les gusta más y cuál se adapta más a su modo de entender la educación. Además les interesa que esté cerca de casa, para facilitar la logística familiar.
Después de visitar varios colegios se deciden por uno, que es el que ponen primero en la solicitud de matriculación. En la segunda y tercera opción ponen los siguientes que elegirían. Llega el día de la resolución y no les conceden el primero colegio, pero como el segundo y el tercero se llenan también con niños cuyos padres los habían elegido como primera opción, les dan un colegio que no tiene nada que ver con lo que habrían elegido y, además, lejos, muy lejos de su casa.
Papá y mamá “B” tienen un hijo en la misma situación que los otros padres. Tras mirar varios colegios saben que el que más les gusta no podrá tocarles nunca, porque no pertenece a su zona, así que deciden poner como primera opción un colegio que saben que les puede tocar, sin ser realmente el que les gustaría para su hijo.
Estas dos historias se llevan reproduciendo años y años en miles de hogares españoles. Cada año miles de padres se dan cuenta de que elegir colegio es, en el fondo, una falacia, porque desde el momento en que existen diferentes zonas en una misma ciudad con diferentes puntuaciones se pierde la capacidad de escoger.





