
Cuando hablamos de niños superdotados solemos entender que nos referimos, únicamente, a aspecto intelectuales y cognitivos. Sin embargo, las emociones y la sensibilidad del niño superdotado también puede dejarnos asombrados y, todavía más que la inteligencia, que puede ser un factor de fracaso escolar muy claro, necesitan una atención y una comprensión que les permita aprender a manejarlas sin negarlas.
Los niños superdotados, lo que no quiere decir que otros niños no sean sensibles, tienen una vida emocional de enorme intensidad.
He leído hace poco un trabajo interesantísimo a este respecto publicado por la SENG, una organización precisamente orientada a dar apoyo a las familias de niños con altas capacidades, y me ha encantado, pues precisamente da una completa explicación a estas características del niño superdotado que tan bien conozco como madre de uno, y que resumiría en una frase que publican los autores:
Lo más importante que podemos hacer para ayudar a estos niños es aceptar sus emociones: necesitan sentirse comprendidos y apoyados. Hay que explicarles que sus sentimientos intensos son normales en los niños que son como ellos. Ayudarles a usar su intelecto para desarrollar su auto-conocimiento y su auto-aceptación.

