
El domingo pasado se ha emitido en el programa Vuelta y Vuelta de La Sexta “El precio de nacer y morir”. Trataba sobre cuánto cuesta nacer y cuánto cuesta morir hoy en día. Desde luego, habrá desanimado a más de uno a tener un bebé teniendo en cuenta que para darle la bienvenida a este mundo con toda la parafernalia consumista (de la cual el recién nacido ni se entera, ni la necesita) una pareja debería desembolsar la abultada cifra de 16.350 euros.
Han hecho un seguimiento a unos futuros papás y un relevamiento de los artículos “imprescindibles” (según el reportaje) que un bebé recién nacido necesita durante los primeros meses de vida. Esa suma tan elevada, que yo con tres hijas no he llegado ni a la cuarta parte, es lo necesario para decorar la habitación, comprar la cuna, los muebles, el ajuar del bebé, su ropita, cochecitos (sin, en plural, dos cochecitos para un bebé), vestido de bautizo, artículos de puericultura y un largo etcétera.
La cifra me parece absurda. Cualquiera que no tiene ni idea y esté pensando en tener un bebé se cree que ser padre cuesta eso, pero es un dato irreal, absurdo y exagerado. Menuda campaña para fomentar la natalidad.





Por si no tuviéramos ya difícil vivir en épocas de crisis económicas cómo esta, en la que cuesta mucho más llegar a fin de mes y ya no digamos pagar la hipoteca, ahora un estudio nos sorprende con la noticia de que nacer en estos tiempos conlleva más riesgos para la salud que nacer en otras épocas de mayor bonanza.

