
Por diferentes razones hay mujeres que viven “a régimen” casi toda la vida que han eliminado el azúcar de su dieta en pro de los edulcorantes artificiales (sacarina, aspartamo o ciclamato).
Otras sin embargo no hacen uso de ellos, pero al quedarse embarazadas y acudir a las visitas periódicas con el ginecólogo o la comadrona aparece el tema del peso, otorgándole a menudo más importancia de la que tiene, y acaban sintiendo la necesidad de controlar un poco lo que se come para evitar engordar más.
En esa necesidad aparece una de las sustituciones más fáciles de llevar a cabo: cambiar el azúcar por sacarina. Ahora bien, estando embarazada, ¿qué es mejor?







