
Hace unas semanas os hablé de los dibujos que hace mi hijo, poco elaborados, pero cargados de mensaje, pues él dibuja para expresar algo y no precisamente para expresárselo a alguien, sino que lo hace como una necesidad de contar algo sin destinatario concreto (no viene con sus dibujos a enseñárnoslos, a menos que con algún dibujo en concreto sí quiera mostrarnos algo).
En esa entrada mostré mi preocupación ante la posibilidad de que alguien en el colegio trate de enseñarle a dibujar, de que le dé directrices y de que coarte de ese modo su método o su manera de “hablar” mediante el dibujo.
Centrándome un poco en esa visión, quiero iniciar hoy una serie de entradas (tres, para ser más concreto), para explicar cinco cosas que hacemos los adultos, inconscientemente y normalmente con la mejor intención, que ayudan a que los niños pierdan la creatividad y las ganas de dibujar.






