
Hace cinco años que practico el colecho y eso suman cinco años recibiendo consejos no solicitados (como casi todos los padres y madres con cualquier tema relacionado con la crianza). En estos cinco años he pasado por diferentes etapas en las que he respondido de diferente manera a dichos consejos.
En los inicios defendía mi postura a capa y espada, poniendo toda la carne en el asador si hacía falta (mencionando literatura, estudios, etc.). Después pasé por una etapa en la que para evitar dichos momentos no hacía mención alguna a cómo eran las noches en mi casa. Finalmente llegué a la conclusión de que dormía con mis hijos porque así dormían mejor, pero sobretodo porque nos gustaba a todos hacerlo y dejé de esconderme para utilizar este argumento: “lo hago porque me gusta estar con ellos”.
Desde hace unos días he decidido utilizar un nuevo argumento, a sumar al de “porque me gusta”, porque tras ver a la última mujer echarse las manos a la cabeza con un “no sabéis lo que estáis haciendo”, he pensado que hacía falta un nuevo argumento: duermo con mi hijo para que aprenda a dormir acompañado (que explicaré siempre que lo utilice de un modo irónico).









