
Si hay algo que nos gusta a los padres es hacer comentarios sobre nuestras propias experiencias como tales, para comparar, advertir, recordar, compartir… aunque no nos hayan pedido opinión. Una de las frases que más he escuchado estos últimos meses es la de “Pues mi hijo se chupó el dedo hasta que tuvo X años”.
Claro, que este dato no aparece de repente sin venir al caso, sino que viene dado al observar el placer con que mi bebé se chupa el dedo desde los dos meses de edad. Ya os comenté cómo a veces, entre chupete y dedo no se puede elegir.
El caso es que he oído todo tipo de comentarios, y creo que la edad máxima para los chupeteos de hijos (o sobrinos, o primos…) ajenos ha sido de 14 años. ¡Chupándose el dedo hasta los 14 años! ¿No os parece increíble?
También recuerdo especialmente el caso de una niña que se chupó el dedo hasta los 9 años y había quedado “picuda”, esto es, con los dientes superiores deformados hacia fuera en forma de pico.


He encontrado un artilugio que ha llamado mi atención porque veo que hoy día se pueden vender “soluciones” para todo. Se trata de un curioso dispositivo para evitar la succión del pulgar, tan frecuente en los pequeños y que algunos padres (¡y abuelos!) quieren evitar a toda costa.
Chuparse el dedo es muy común en los bebés. Desde que están en el vientre materno y gracias a la ecografía se puede observar como lo hacen.
Además de ser un reflejo innato que dura hasta el año y servirle al bebé para alimentarse, la succión le proporciona una sensación de consuelo, seguridad e incluso le ayuda a dormirse. Por eso, algunos bebés adoptan hábitos como chuparse el dedo, el chupete, un trapito o un objeto preferido, también llamada succión no nutritiva.