
Los bebés nacen estériles. Esta afirmación es el inicio de algo que le sucederá nada más nacer, que no es otra cosa que contaminarse de todo aquello que le rodea.
Dicho así suena bastante mal: contaminarse, por eso quizás debamos cambiar ese verbo por colonizarse, ya que es lo que hace el cuerpo del bebé al nacer, empezar a colonizarse con los microorganismos que entran en contacto con él y, poco a poco, su sistema digestivo va creando la llamada flora intestinal, que le servirá para, entre otras cosas, defenderse de algunas agresiones externas (las bacterias buenas, se les llama coloquialmente).
El caso es que no todos los bebés se colonizan de los mismos microorganismos, ya que las diferencias aparecen según sea el modo de nacer (por cesárea o vía vaginal), según sea alimentado (con pecho o con leche artificial), según las semanas de gestación, etc.
Dentro de todas estas variables se ha observado que lo mejor que le puede pasar a un recién nacido es que se contamine de su madre, es decir, que cuanto más toque a su madre al nacer y menos toque otras cosas, mejor para él.








