
Cuando un hermanito llega a casa, supone toda una revolución dentro de nuestros hábitos como padres. Pero probablemente el mayor impacto sea para el hermanito mayor que pasa a ser “destronado”. Porque necesitará aún toda nuestra atención, más todavía cuanto más pequeño sea. Por eso me gustó la frase del pediatra cuando hicimos la primera visita con mi hija pequeña: “Hay que mostrar un cariño exagerado a la hermana mayor”.
A mí aún me cuesta hablar de “mi hija mayor”, porque con apenas dos años sigue siendo un bebé grande, pero a ella se refería. No significa que debamos fingir nada, y cualquier padre o madre me entenderá, pero sí que las muestras de cariño deben ser muy evidentes, claras y exageradas.
Así, lo que a primera vista podría parecer peyorativo (“exagerado” como “excesivo”) se convierte en todo lo contrario, pasando a significar la mayor y más continua muestra de afecto que le podamos dar. Parece lógico, si nos fijamos en que ellos ahora nos necesitan más.



Aunque es inevitable que cuando llegue a casa el nuevo integrante de la familia surjan los celos, al menos hemos de intentar que su llegada sea una experiencia positiva haciendo participar en los cuidados del bebé a su hermano mayor.
Ya sé que todos los niños han sentido celos ante la llegada de un nuevo hermanito, pero cuando la situación toca en nuestra propia familia se convierte en un drama existencial.