El castigo es un método poco educativo

El castigo forma parte de la educación desde hace mucho tiempo. En la televisión, por ejemplo, está tan normalizado que es habitual ver a los protagonistas de las series de televisión juveniles quedarse sin poder salir durante semanas por hacer tal o cual acción.
La gran mayoría de los adultos de hoy en día los hemos sufrido, a menudo por cosas que habíamos hecho sin querer, a menudo por cosas que ni siquiera habíamos hecho y a menudo por conductas que sí podrían considerarse inadecuadas.
Las razones de los castigos son tan dispares que muchas veces se viven como injustos y, si nos detenemos un poco a pensar en ello, podemos afirmar que los castigos son poco educativos y que pueden provocar consecuencias negativas.


Mucho se ha hablado sobre la ONG Global Infantil durante estos días en los medios de comunicación, las acusaciones de dos miembros de la organización hacia su fundador por infringir malos tratos a los niños etíopes, han sido plasmadas en una querella criminal aceptada por la Audiencia Nacional. Las acusaciones contra Gil Losada son por los malos tratos y por dejar morir de hambre a una niña con VIH.
Un estudio elaborado por investigadores norteamericanos nos informa sobre la relación existente entre el nivel intelectual de los niños y los castigos físicos que se le puedan proferir. Al parecer, los niños que presentan un mayor grado de intelectualidad adquirida a través de los libros o los juegos educativos, tienen padres que raramente utilizan el castigo físico.

