
La crisis, la dichosa crisis, está haciendo que paguemos, como siempre, justos por pecadores. No sólo se están cargando la sanidad, sino que se están cargando también la educación y nos están quitando, poco a poco, las prestaciones sociales a las que teníamos derecho porque alguien luchó mucho para conseguirlas.
No es que considere que una guardería sea parte de la educación que como ciudadanos merecen nuestros hijos, porque como sabéis la educación no es obligatoria hasta los seis años y todo lo que hay antes es algo así como un “previo”, para que el niño vaya aprendiendo normas, conceptos, a vivir y convivir con otros niños, etc (hablo básicamente de preescolar).
Sin embargo, ya que las bajas maternales y paternales son de risa y que las ayudas por hijo son inexistentes, lo mínimo que les quedaba a las familias era la posibilidad de tratar de conciliar la vida laboral y familiar dejando a los niños en las guarderías públicas, cosa que en Barcelona han decidido limitar: las plazas públicas que existen hasta la fecha seguirán existiendo, pero ya no se ofertarán más.









