
Cuando un obstetra o matrona quiere saber cómo evoluciona un parto realiza a las mujeres un tacto vaginal. Se trata de una intervención en la que se introducen dos dedos en la vagina con el fin de utilizar el sentido del tacto del profesional para determinar cuánto ha dilatado la mujer.
El problema es que no es una “prueba” que pueda hacerse muy a menudo, porque el tacto vaginal, además de ser molesto para muchas madres y además de generar ansiedad, puede aumentar el riesgo de infección y puede ayudar también a la madre a desconectar de su cuerpo y de su parto y (re)conectar con el mundo, distrayéndola.
Por esta razón se recomienda hacer los mínimos tactos vaginales posibles y para determinar esos mínimos el Ministerio de Sanidad ha valorado la evidencia científica al respecto y ha explicado en la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal cuántos tactos serían deseables para una mujer que está de parto.









