
Hace unos días Lola nos trajo un vídeo de una clase de natación para bebés, y animaba a vivir la experiencia de la matronatación. Con lo que me gusta el agua, siempre he pensado que mi bebé y yo nos daríamos la oportunidad de disfrutar de un baño desde bien pronto.
Ayer comenzamos un cursillo de natación para bebés, en los que ya se empiezan a notar los beneficios del agua, y sobre todo del contacto con los padres. A nivel afectivo, la matronatación es una vivencia muy bonita.
A nivel de desarrollo motriz, sigue siendo interesante. Gracias al agua se ejercitan los músculos, la coordinación motora, y se ven beneficiados los sistemas circulatorio y respiratorio. De cara al inminente gateo, sin duda estos pataleos en el agua van a ser de mucha ayuda.
En los bebés con algo más de experiencia se podía observar que la práctica en el agua había contribuido al desarrollo de su autoconfianza, se desenvuelven con mayor independencia y se mueven más seguros. De todas formas, no faltaron llantos en algún momento, de esos que se contagian a todo el diminuto personal.

Como sabemos, aprender a nadar es muy fácil para los bebés, es el primer deporte que pueden practicar y además les hace sentir muy bien, como cuando se encontraban en el vientre materno.
La AEP (Asociación Española de Pediatría) recomienda que los niños aprendan a nadar antes de que den sus primeros pasos. El objetivo es que sepan sustentarse en el agua y poco a poco aprender a nadar. Además, ya hemos hablado de los beneficios que aporta la natación a los pequeños.