
Alrededor de los seis meses y hasta que cumplen los dos años aproximadamente, los bebés atraviesan una etapa en la que sienten miedo a los extraños.
Como los demás miedos infantiles es un estado natural que favorece la adaptación del niño al entorno y le ayuda a evolucionar, y por supuesto, es un comportamiento que debemos aceptar sin forzarlos a aceptar a las personas que rechaza.
Muchos padres se angustian al ver el llanto desconsolado del niño al dejarlo en brazos de un extraño, o incluso de personas conocidas con las que hasta hace poco el bebé se encontraba a gusto.
El miedo a los extraños es algo normal. Mientras que algunos niños están encantados de ir de brazo en brazo, hay otros más tímidos que en alguna etapa de su desarrollo prefieren estar solamente con las personas de su máxima confianza. Es cuestión del temperamento de cada niño y hay que respetarlo.


No te vayas mamá, no te olvides de mi, adiós mamá… Más de uno de mi generación recuerda está cancioncita que nos arrancaba las lágrimas frente al televisor.
Me parece increíble, pero Victoria ha cumplido ya los ocho meses. Como es típico a esta altura, está atravesando una etapa muy dependiente.
Se la llama también angustia o ansiedad de la separación y comienza alrededor de los ocho meses del bebé, a veces antes, cuando empiezan a gatear, a descubrir otras personas y a observar el mundo que los rodea desde su incipiente autonomía.