
Cuando uno acude a una tienda de productos para bebés se da cuenta enseguida que muchos de los objetos se relacionan con la falta de capacidad psicomotor de los niños. Cuando son bebés no faltan artilugios con ruedas, entre los que estaría el cochecito, y otros sin ellas, como la hamaca, en la el bebé está al principio más bien tumbado para irse sentando más adelante, pasando por el arnés con muelle que cuelga del marco de la puerta o el asiento que se balancea solo.
Algunos son más necesarios que otros (aunque también podría decirse que algunos son más innecesarios que otros), pero somos muchos los padres que picamos y pensamos que nuestros hijos necesitan algo que les sujete para desplazarse y algo que les mantenga hasta que sean capaces de moverse por sí mismos, ya sea reptando, gateando o andando.
Entre todos estos artilugios podemos encontrar el andador, que es una especie de armazón con un asiento en el que el bebé se sienta o bien se pone de pie, tocando el suelo y con el que poco a poco empieza a desplazarse. Hay quien dice que les van bien y hay quien dice que no, que se les curvan las piernas o que es malo para la espalda. En esta entrada vamos a tratar de dar respuesta a la típica pregunta: Andador, ¿sí o no?




Pediatras del Hospital de Toulouse han realizado una revisión de casos de niños atendidos en las urgencias del hospital infantil de esta ciudad, por el número tan alto de traumatismos causados por el uso de andadores.
El andador se ha ganado la antipatía de muchos pediatras y de varios padres que consideran al taca-taca como el “antiayudador” para aprender a caminar y el causante de graves accidentes. Los médicos no recomiendan su uso, y hasta hay quienes piensan que debería estar prohibido