
Se suele decir que los abuelos “malcrían” a los niños, les conceden sus caprichos, les permiten hacer ciertas cosas que a los padres nos cuesta más. Pero cuando son los abuelos los que pasan la mayor parte del día con los niños, ya no podemos decir que los malcríen, sino que directamente son ellos los que educan a los nietos.
Esto significa asumir una nueva responsabilidad, que no siempre viven como propia, y arriesgarse a un enfrentamiento con los criterios de sus hijos, que pueden tener otras ideas concebidas en cuanto a educación, pero no las desarrollan ellos mismos. No es de extrañar que, en el marco de esta sociedad en la que más de la mitad de los abuelos cuidan a sus nietos casi todos los días, estos abuelos se conviertan en los verdaderos educadores de los pequeños.
¿Es esto bueno o malo? Podríamos decir que, si no hay más remedio… Pero, ¿cuántos abuelos llegan a desarrollar el “síndrome del esclavo”? ¿Cuántos consideran que esa tarea ya la llevaron a cabo en su momento y que no les corresponde? ¿Tienen los padres derecho a “quejarse”?







