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¿Preguntarle a tu hijo si quiere tener un hermanito?‏

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Llega un momento cuando tienes un hijo (o más) en el que la llamada de la selva vuelve y mamá siente que está preparada para traer un nuevo bebé a la manada. Los padres creo que no sentimos tanto esa necesidad corporal de bebé, ese instinto, sino que es una cosa más racional (yo quiero tener dos, yo quiero tener tres).

El caso es que cuando la pareja siente que falta una persona en casa, un nuevo bebé, y se plantea si tener o no otro hijo, siente la necesidad de preguntarle también al hermano mayor si aceptaría la llegada de un hermanito, hasta el punto que le preguntan: “¿Cariño, a ti te gustaría tener un hermanito?”. Y yo me pregunto, ¿es necesario preguntarle?

Si el niño es pequeño

Me lo pregunto porque hay madres que preguntan a niños pequeños, de 2 ó 3 años, que apenas son capaces de elegir entre ponerse una camiseta gris o una negra (en todo caso eligen la última que le enseñas un poco por solucionar la disyuntiva), sobre el futuro de esa familia y claro, ‏una decisión tan importante no creo que deba dejarse en manos de un niño tan pequeño.

Vale, es cierto, la decisión final es siempre de los padres y no del niño de tres años (mal si así fuera), pero entonces, ¿por qué preguntarle? Si dice que sí parece que ha tenido que ver a la hora de buscar otro bebé pero, ¿y si dice que no? ¿Y si responde tajantemente que “para nada quiero un hermanito”?

Si el niño es más mayor

Si en cambio el niño es más mayor podría tener algo más de sentido (algo más, que no mucho más) preguntarle, porque ya es capaz de dar una respuesta razonada. Es un niño, es el hijo, es miembro de la familia y los padres pueden decidir darle voz.

En relación a darle voto, pues lo mismo que he dicho antes, no creo que un niño deba decidir si tener hermanos o no. Muchas veces los niños responden que no porque de repente imaginan a un ser más pequeño con grandes inquietudes tocando sus cosas y a sus padres repartiendo tiempo y recursos (o sea, juguetes y regalos) entre los dos y el mismo niño, con unos años más y con más ganas de compartir tiempo y juego, ser capaz de decir que “me habría gustado tener un hermano”.

Preguntar cuando ya no hay remedio

Esto también sucede. Papá y mamá han decidido tener un bebé y mamá queda embarazada. Entonces, para dar la noticia, se les ocurre hacer una pregunta: “Cariño, ¿te gustaría tener un hermanito?”. Claro, partimos de la base de que la mayoría de niños dicen que sí (lógico, vamos con una cara de felicidad en el rostro y con unos ojos tan abiertos y unas cejas tan elevadas que lo raro es que digan que no) y por eso preguntamos, para que nos diga “sí” y seguidamente le demos la sorpresa pero, una vez más, ¿y si responde que no? Es como el domingo por la noche cuando anuncias a tu hijo que mañana va al cole: “venga, vamos a dormir que mañana hay que ir al cole. ¿Te apetece ir al cole mañana?”. Y va el niño y dice que no, a lo que le respondemos “bueno, ya, pero hay que ir, así que a dormir”. Pues eso, para qué preguntas, ¿para crear una expectativa que nunca se cumplirá?

Pues me refiero a algo parecido, si resulta que el niño dice que no y tú estás casi acariciándote la barriga, pues a ver cómo le dices que “cariño, pues es que resulta que sí vas a tener un hermanito, ese que no quieres tener”. Pues para eso te lo evitas no haciendo la pregunta.

Dar la noticia y ya está

Mi sugerencia es que no preguntemos a los niños, porque tener o no tener un hijo es una decisión lo suficientemente importante como para que un niño pequeño, incapaz de valorar el asunto en toda su dimensión, nos dé su opinión. Si consideramos que sí nos interesa su opinión, pues debemos tener claro que podemos recibir un “no” como respuesta y si al final decidimos tenerlo tendremos que explicar muy mucho por qué, a pesar de que él no quería, hemos decidido finalmente tener otro hijo.

No sé, esto en el fondo es muy personal, claro. Yo a mis hijos les dejo decidir en muchísimas cosas del día a día y tienen mucha libertad para hacer lo que prefieran en cada momento (siempre que no falten el respeto de nadie), pero esto me parecen palabras mayores, una decisión que sólo los adultos deben tomar porque es cierto que un niño da muchas alegrías, pero también es cierto que da más trabajo, más responsabilidades y que requiere unos recursos y un tiempo que no todas las familias pueden ofrecer y esto es algo que sólo los papás pueden valorar.

Foto | GabrielaP93 en Flickr
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