Sigue a

abrazo

Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad es la dificultad con que se muestran los afectos. Eso, muchas veces nos influye en nuestro ámbito familiar. Los abrazos en familia son un momento muy especial y divertido que os recomiendo a todos.

Un abrazo (achuchón, revolcón…) colectivo es ideal para reírnos, para tocarnos, para decirnos lo guapos que estamos, lo bien que olemos o lo que nos queremos. Hay abrazos para todas las ocasiones, siempre es un buen momento para hacerlo.

Especialmente recomendables son los abrazos en familia cuando alguno de los componentes está decaído, ha pasado algún mal rato, o incluso para superar los enfados o las rabietas, para pedirnos perdón por algo que hemos hecho mal, para demostrar que nos encanta apretar al otro.

No hace falta decir nada, el contacto con nuestros hijos y pareja ya dice mucho de lo que queremos expresar (y ellos a nosotros), ya mejora nuestro humor y autoestima. Si a ello añadimos las palabras, el abrazo se completa con aquello que tenemos ganas de decirles, aquello que no queremos que se nos quede dentro porque ya hemos callado mucho durante el día.

Son sin hablar, por ejemplo, los abrazos entre hermanos pequeños que hay que promover. Unos niños que todavía no saben expresar lingüísticamente sus sentimientos, pero son bien claros en cuanto a sus gestos y disfrutan de los abrazos entre ellos tanto como nosotros.

Yo echo de menos estas muestras de afecto con mis padres en mi infancia, y sin proponérmelo es algo que no creo que pase con mis hijas. De hecho, no sé qué razón podría hacer que dejáramos de practicar estos abrazos colectivos, tal vez los eche de menos cuando sean adolescentes…

Probablemente en la actualidad me costaría mucho menos expresar mis sentimientos a los mayores (entre ellos, mis padres) si hubiera tenido unas cuantas “clases” de abrazo colectivo.

Eso sí, cuando son pequeños, ojo con las muestras “incontroladas” de afecto durante el abrazo, porque si los mayores a veces querríamos coger un trocito de moflete o de piernecita, a los peques parece que les pasa lo mismo con nosotros (o entre los hermanitos)... pero no se privan de morder para intentarlo.

En fin, los abrazos son ideales para mejorar la autoestima de nuestros hijos y la nuestra propia. Y sobre todo tras abrazarnos vamos a ver cómo lo que hace unas horas nos parecía algo insuperable, ahora deja de tener trascendencia ante el mejor abrazo colectivo en familia y tener tan cerca, al alcance del corazón, lo que de verdad importa.

Foto | Rhys Alton en Flickr-CC
En Bebés y más | Punset: Cinco consejos para hacer de un bebé un adulto capaz y feliz, Fomentar en el niño la autoestima constructiva, no la destructiva, El vínculo entre padres e hijos es clave para la autoestima

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

4 comentarios