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Cumpleaños infantil

Hasta este año no habíamos celebrado el cumpleaños de mi hija mayor con amigos, pero cuando decidimos hacerlo, no sabíamos lo que se nos venía encima. Por suerte contamos con un espacio grande y al aire libre para poder acoger cierta chiquillería, pero tampoco se podía invitar a toda la clase ni a todos los familiares cercanos ni lejanos siguiendo el árbol genealógico.

Así que teníamos que decidir, tomar la ardua decisión de a quién invitar al cumpleaños de una niña. Entonces, junto a las primas de similar edad y a otras amiguitas que no son de la clase de mi hija, le dijimos a la pequeña que podía escoger (qué mal suena) cinco amiguitos de clase.

Le explicamos que no podía venir todo el mundo porque los papás no podían encargarse de comprar y preparar para todos, y ella lo entendió. Probablemente la emoción de su primer cumpleaños “a lo grande” le embargaba, o sencillamente lo entendió.

A sus cinco “elegidos” del cole nosotros sumamos aquellos nenes que la habían invitado a ella alguna vez. Y a estas alturas os puedo decir que, por suerte, no eran muchos. Algo que probablemente no se repita en próximos cumpleaños porque, a raíz de lo visto (el cumpleaños se celebró hace unos meses) ha sido celebrar su cumple y empezar a recibir invitaciones a los de los demás.

Lo cual me lleva a pensar que, como imaginaba ante la sospechosa ausencia de invitaciones de cumpleaños en los dos primeros años de escolarización de mi hija, en general no te invitan si tú no has invitado antes. Esta ausencia de invitaciones al principio me parecía algo triste, porque había asistido a la entrega bajo manga, como si de tráfico ilegal de sustancias estupefacientes se tratara, de invitaciones de cumpleaños a la entrada o salida del cole.

¿No era mi hija querida por sus amigos, a pesar de que sus relaciones con ellos indicaban todo lo contrario? ¿O más bien es que mi hija parecía no tener cumpleaños (siempre había caído en días de puente, sin cole y con la familia de viaje) y entonces tampoco sería invitada?

Cumpleaños bolas

A su vez esto nos llevaría a una paradoja, porque entonces, ¿quién es el primero que invita en una clase, en un grupo de amigos? Más alla, ¿cómo fue el primer cumpleaños en la Humanidad? ¿Qué familia decidiría invitar si antes no había tenido lugar una invitación anterior?

En fin, dejando de lado estas disquisiciones sobre arqueología cumpleañera, y volviendo a la celebración de la fiesta de mi hija mayor, os diré que entre familia, amigos, compañeros de clase, con sus respectivos amigos y hermanos, nos juntamos cerca de cincuenta personas.

Ya podéis imaginar que hubo que hacer una compra especial (no me refiero a manjares especiales, sino a pan, lomo, jamón cocido, salchichón, patatas fritas tarta y bebida para cincuenta). Y hubo que hacer preparativos, porque toda esa compra no se convirtió por arte de magia en una mesa preparada.

Y eso con cinco amiguitos de clase elegidos por mi hija. ¿En cuántos nos hubiéramos convertido si en lugar de cinco le hubiéramos dicho que eligiera ocho o diez amigos, como de hecho llegamos a pensar?

Como el milagroso caso de la multiplicación de los peces y los panes, un listado de apenas diez o quince personas se convirtió por arte de magia en una multitud de cincuenta. Con la consiguiente milagrosa multiplicación de bocatas y de refrescos, aunque para milagroso el esfuerzo económico que a veces hay que hacer en estos casos, y a ver cómo multiplicamos los billetes de 20 euros…

Y también está el tema de la multiplicación de los regalos, algo que a estas alturas me parece imposible de contener, pero sobre eso ya hablaremos en otra ocasión.

Que a ver si me entendéis, luego lo pasas muy bien (bueno, seamos sinceros, mucho mejor los niños, que no tienen que preocuparse de que esté todo listo y a su tiempo). Pero acabas muy cansado, esperando que el año que viene, como ha sucedido en los anteriores, el cumpleaños caiga enmedio de un hermoso puente y nos pille lejos de casa para celebrar una fiesta más tranquila.

Fotos | chiste y Buscavientos en Flickr
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