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Fiebre en bebés y niños

Hace unos meses os expliqué que, en el fondo, los mocos son nuestros amigos, y que aunque cansan tienen un papel importante en la salud de nuestros hijos. De igual modo, la fiebre juega también un papel fundamental y muchos padres se equivocan al hablar de ella como si de una enfermedad se tratara y se equivocan al dar jarabes tan pronto suben las décimas.

Estos días son muchos los niños que están pasando la gripe. Claro, con el buen tiempo que ha hecho hasta ahora el virus no ha sabido por dónde entrar a contagiar, así que cuando por fin han bajado un poco las temperaturas, se ha tomado su particular venganza y ha tenido en casa durante días a muchos niños. Días con fiebre, y ¡sin antibiótico! (lógico, la gripe es un virus y cómo tal se ríe de los antibióticos), días que han sido quizás menos en los hijos de los padres que se han repetido a sí mismos el mantra: “la fiebre es nuestra amiga… la fiebre es nuestra amiga…”.

La fiebre es nuestra amiga

Creo que para que tenga un poco de efecto en nuestro pensamiento debemos repetirlo unas diez o doce veces. Una vez dicho tenemos que decirnos a nosotros mismos el por qué: los virus se mueren con el calor, así que si nuestro hijo tiene fiebre se curará antes.

Entonces lo importante es tratar de hallar el equilibrio, lograr la situación en la que nuestro hijo permanezca con la temperatura elevada, pero sin estar hecho polvo. Es posible que el primer día, a las primeras décimas, lo veáis mal, tiritando y hablando demasiado. En ese caso hay que hacer lo que os pida (abrigarle incluso) y ver qué pasa. Si no mejora, yo soy el primero que les doy jarabe para que el cuerpo se calme un poco. Una vez superada la novedad, en momentos y días posteriores, el cuerpo se acostumbra al aumento de calor y podéis encontraros a vuestro hijo jugando tranquilamente a 38 grados o más. Quizás no corriendo, pero sí hablando y jugando con sus cosas como si no pasara nada.

Mis hijos han estado estos días en casa, muy probablemente con gripe, porque han estado con fiebre casi una semana y no ha aparecido ningún foco (ni otitis, ni faringitis, ni pitos al respirar, ni infección de orina, ni…). Pues yo diría que entre los baños cuando estaban un poco molestos y la espera porque los veía bien, les habré dado jarabe una o dos veces cada 24 horas, sin volverme loco por ver que el termómetro pasaba de los 38.

En la antigüedad no había antibióticos ni antitérmicos

Imaginad cómo lo hacían antiguamente nuestros antepasados, que no tenían ni antibióticos ni antitérmicos. Los niños sobrevivían a muchas de las infecciones que a nosotros nos parecen terribles gracias a la fiebre, que es el mecanismo de defensa de nuestro cuerpo. Seguro que lo pasaban peor que nosotros y seguro que a muchos les quedaban secuelas, no olvidemos que las condiciones higiénicas de entonces afectaban en muchos sentidos, pero como el mecanismo sigue funcionando hoy en día, no está de más dejarle un poco de margen para que nos eche una mano.

Además de antitérmicos…

Ahora bien, como nadie quiere que su hijo sufra una convulsión febril, que aunque son benignas dan mucho “yu-yu”, si la fiebre es demasiado alta, si el niño está apagado o si vemos que está subiendo muy rápido (también pueden convulsionar por este motivo, sin que sea muy elevada), lo mejor por el bien del niño es frenar un poco la defensa febril, dándole algún antitérmico o utilizando los conocidos remedios caseros, más que útiles (o las dos cosas) y darles bien de agüita para que estén bien hidratados.

Foto | Gustavo Devito en Flickr
En Bebés y más | Cuándo utilizar los antitérmicos, Calmar la fiebre antes de tratarla, Bebés con fiebre: antes de los antitérmicos…

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