
Hacía tiempo que no leía una noticia tan poco adaptada a los tiempos actuales: la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa ha aprobado una resolución en la que pide a todos los gobiernos que tomen “medidas racionales” para evitar la exposición de la población, y sobretodo de los niños, a los campos electromagnéticos producidos por la telefonía móvil, las redes wi-fi o los teléfonos inalámbricos.
Vamos, en pocas palabras, que el Consejo de Europa nos recomienda que nos vayamos a vivir al campo con los niños, que dejemos de utilizar portátiles, que nos conectemos a Internet por cable otra vez y que rescatemos los teléfonos fijos, que como dicen ahora en la tele, parece que se van a poner de nuevo de moda.
La medida viene por la petición del diputado socialista luxemburgués Jean Huss, que ha solicitó información acerca de los riesgos para la salud de los teléfonos inalámbricos e incluso de los intercomunicadores que utilizan algunos padres para escuchar y observar a sus hijos mientras están en otra habitación.
A raíz de dicha petición el Consejo de Europa ha decidido recomendar la limitación de las ondas electromagnéticas con medidas como la regulación de teléfonos móviles entre los niños o hacer que en los colegios las redes se instauren mediante cable y no de manera inalámbrica.
Lo gracioso del tema es que uno de los portavoces ha explicado que a pesar de la medida no existe ninguna evidencia científica de que las ondas que generan los móviles, las redes wi-fi o los intercomunicadores provoquen daño alguno para la salud.
Somos muchos los que creemos que sí podrían perjudicarnos de algún modo dichas ondas, pero que preferimos esperar a que se demuestre que vivir evitando algo que, hoy por hoy, en la ciudad, es prácticamente inevitable. Hay redes wi-fi en todas partes (echa un vistazo a las redes que capta tu portátil y seguro que coges unas cuantas), hay antenas de telefonía móvil donde menos te lo esperas (algunas con formas extrañas que se camuflan perfectamente en el mobiliario urbano) y lo único que yo vería prescindible son los intercomunicadores, en mi caso porque allí donde íbamos nosotros iban nuestros hijos, estuvieran despiertos o dormidos.
Resumiendo, el Consejo de Europa ha decidido emitir una recomendación casi imposible de seguir basada en suposiciones. Por mi parte no voy a hacer nada al respecto, aunque confieso que me encantaría ir a vivir al campo.
Vía | ABC
Foto | Ceejayoz en Flickr
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Comentarios
Pues vaya! Si que es poco efectivo este consejo. Podrían como mínimo comprobar si es perjudicial para la salud.
Yo también creo que muy bueno no tiene que ser, pero ya lo sabremos dentro de 50 años, como pasó con el tabaco.
Y también te doy la razón en que poco se puede hacer.
Mi señor padre, que tiene la suerte de vivir en el campo y es muy paranoico respecto a todo (en esto he salido a él) me insiste en que apague el wifi aunque sólo sea para dormir. Yo, a cada vez, me veo forzado a enseñarle el gráfico de coberturas del Wifi Analyzer de Android para que vea lo fútil de la medida cuando me rodean más de 15 redes sobre las que yo no ejerzo control ninguno.
Más nos valdría ir aceptando que, o vivimos menos con ciertas comodidades o vivimos un poco más sin ellas. Siempre enfocamos este tipo de asuntos como si eliminando todos los elementos perniciosos (o, en muchos casos, aquellos sospechosos de serlo sin prueba de dominio público) que nos rodean, nos fuésemos a volver inmortales.
-- editado por última vez a las 10:08
Pues yo desde luego he comenzado a apagar el móvil cuando me voy a dormir, que parece que las ondas electromagnéticas interfieren más en ese momento con nuestro cerebro. Ayer vi esta entrevista y acojonaíta me quedé, con perdón: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-en-24-horas/noche-24-horas-01-06-11/1117945/
Si se sospecha que es perjudicial debería no estar autorizado, por lo mismo que comentáis, que es que no tenemos control sobre lo que hace el vecino. Deberían demostrar que no daña la salud y luego permitirse, no al revés, ¿no?
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