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El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) es un trastorno que afecta a un número cada vez mayor de niños y adultos. Es tal el aumento de casos que llega a originarse la duda de si es posible que haya un sobrediagnóstico de dicho trastorno.

En EE.UU, por ejemplo, el número de niños que lo sufren ha aumentado un 22% en un periodo de cuatro años, lo que significa que ahora uno de cada diez niños está diagnosticado de TDAH.

Dicho así suena enormemente alarmante, sin embargo es muy posible (y así se comenta en el Centro Nacional de Defectos Congénitos y Discapacidades del Desarrollo en EEUU) que este aumento de casos se deba en gran parte a que ahora quedan menos niños sin diagnosticar que años atrás, cuando se sospecha que muchos niños padecían el trastorno sin haber sido apenas valorados.

Ahora bien, uno de cada diez niños equivale a un 10% de los niños y eso son muchos niños (5,4 millones de niños de 4 a 17 años en EEUU) para una enfermedad cuyo diagnóstico es incierto.

¿El TDAH es cierto?

O dicho de otro modo, ¿existe dicho trastorno o es una invención que origina muchos beneficios económicos al tratar y medicar a personas sanas?

Ojalá tuviera una respuesta documentada y con base científica a dicha pregunta, sin embargo no la tengo, porque hoy por hoy es casi imposible demostrar que el TDAH no es una enfermedad, así como es imposible demostrar que sí lo es.

El dianóstico de este trastorno se basa en entrevistas y cuestionarios a los niños y a las personas de su entorno y esto hace que haya hueco a la subjetividad de cada profesional. En algunas ocasiones se realizan encefalogramas, sin embargo el objetivo de esta prueba no es demostrar que el niño padece un trastorno de hiperactividad, sino descartar que los síntomas se deban a alguna otra afección que sí es demostrable con esta prueba (en breve publicaré una entrada con los métodos que se utilizan para diagnosticar el TDAH, para quien quiera más información sobre este tema).

Como no puedo demostrar que es una invención, ni que es una afección real, dejaré mi opinión, por si a alguien le interesa: el TDAH existe, pero hay muchos niños diagnosticados que no lo padecen.

El sobrediagnóstico del TDAH

La naturaleza no es infalible y en algunas ocasiones comete errores. Estos errores hacen que haya niños enfermos, con malformaciones, con problemas de corazón, con un páncreas incapaz de regular la glucosa que el cuerpo recibe, entre otras muchas dolencias. Siendo conscientes de que algunos niños padecen enfermedades y desórdenes en algunos de sus sistemas, es ilógico pensar que sus sistemas nerviosos o sus cerebros no puedan también verse afectados y producir trastornos como podría ser el TDAH.

Ahora bien, los síntomas de dicho trastorno (ser demasiado distraído o demasiado activo) pueden originarse de muchas maneras y éstas no tienen por qué estar relacionadas con el sistema nervioso de los niños. A la vista de cualquier persona o profesional, los niños con dichos síntomas podrían parecer niños con hiperactividad y/o déficit de atención y diagnosticarse como tal y, sin embargo, el “tratamiento” de inicio debería ser tratar de encontrar la fuente del problema, la raíz, y actuar sobre ella.

Con esto me refiero a que hay niños con problemas importantes de convivencia, con padres separados, con problemas sociales y económicos, con padres que nunca han estado demasiado presentes en su educación, con padres que han estado demasiado presentes hasta el punto de anular a los niños, niños con capacidades de aprendizaje inferiores a la media que dan la sensación de estar ausentes y padecer déficit de atención (como no me entero, no escucho) o que se alteran demasiado por la misma razón (como no me entero, juego) o niños con capacidades de aprendizaje superiores a la media que se comportan de igual modo (como me lo sé de memoria y me aburro, no escucho… o juego) que, como digo, acaban comportándose de manera que llama la atención, sin que ello sea muestra de ningún trastorno físico propio.

Otros factores que ayudan a sobrediagnosticar

Las costumbres cambian rápidamente y lo que nosotros los adultos vivimos en nuestra época es muy diferente a lo que los niños de ahora están viviendo. Es muy probable que en la actualidad se acepten menos las diferencias entre unos y otros. Todos los niños (y adultos) deben vivir en un estrecho margen dentro del cual se les puede considerar normales, siendo rechazados aquellos que no llegan a parecerse a los demás ni a actuar según el orden social establecido (“tu hijo es muy movido, ¿no?”, “tu hijo es muy tímido, ¿no?).

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Años atrás la calle era nuestra zona de juego. Ahí quemábamos calorías y, literalmente, nos desfogábamos. Ahora las zonas de juego se han reducido a los parques, donde muchos niños no están cómodos por la cantidad de niños que llegan a juntarse, y a la misma vivienda, donde las posibilidades son limitadas porque “molestas a los vecinos”, “haces demasiado ruido”, “a ver si te sientas a pintar”. Esto ha hecho que muchos niños, cargados de energía (los hay incansables), lleguen a considerarse pesados, molestos y demasiado movidos por el simple hecho de no tener un espacio donde soltar dicha energía.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que muchos niños viven con algunas carencias emocionales porque “papá y mamá trabajan demasiado”, porque cuando están en casa “apenas juegan conmigo”, porque “en vez de sentarse a leerme un cuento me ponen la tele”, porque “cuando les pido que jueguen conmigo me compran juguetes para que juegue solo” o incluso “porque acaban de tener un bebé y a mí, ahora, ya no me quieren”. Todas estas situaciones son habituales y no quiere decir que sea una acción consciente de los padres, pero sí existe, por parte de los niños, una extraña sensación de desamparo, que algunos de ellos tratan de solventar llamando la atención de los padres.

En un primer momento, la atención de papá y mamá se consigue llamándoles, sin embargo muchas veces no funciona, así que probando otras estrategias los niños se dan cuenta de que “cuando algo se cae, algo se rompe, algo se mancha, cuando hago mucho ruido, cuando molesto a mi hermanita y cuando aparezco sin que me esperen y desaparezco cuando me esperan, papá y mamá están por mí”.

En este punto la situación puede llegar a enquistarse hasta el punto que el niño acaba por acostumbrarse a vivir de esta manera y los padres no salgan de la dinámica de reproches y castigos, ofreciendo así la atención que el niño busca y necesita (y no de un modo más sano para toda la familia).

Con el tiempo, lógicamente, los padres buscarán ayuda profesional “porque nuestro hijo es imposible” y muchos de ellos demostrarán que realmente lo son, haciendo creer a todos que, “sin duda, esto debe ser algún problema neurológico”.

Además, para gustos los colores

Para acabar solo queda comentar una cuestión de gustos. A muchos adultos les gusta trabajar sentados delante de un ordenador las ocho horas de la jornada, a muchos otros les gusta, sin embargo, estar tras un mostrador atendiendo al público y a muchos otros les gusta trabajar en el exterior, recorriendo las calles, sin la obligación de pasar largas horas quieto en un sitio cerrado.

No todas las personas podrían hacer todos los trabajos y hay quién sería tremendamente infeliz sentado ocho horas en una mesa, como hay quién lo sería si tuviera que estar en la calle, buscando clientes o haciendo recados.

De igual modo que existen adultos con estos gustos, los niños pueden también tener sus predilecciones y de los 20 ó 25 niños que forman parte de la clase, seguro que más uno es incapaz de permanecer sentado todo el tiempo porque, simplemente, preferiría estar en el patio o bien haciendo juegos más dinámicos. Es decir, no a todos los niños les tiene por qué gustar la dinámica del colegio y lo que allí explican y, como persona disconforme, suelen hacerlo saber, tratando de llevar a cabo aquello que sí les gustaría estar haciendo.

El problema es que, como ya he dicho, la diversidad se cuida muy poco y, si sólo son dos o tres los que tratan de hacer cosas diferentes, mejor tratar de hacer que pasen por el aro y se acostumbren a hacer aquello que no quieren, que explotar su energía y reconducir sus ganas de hacer cosas más dinámicas en pro de descubrir sus talentos (no todos tienen por qué acabar trabajando en una oficina, ¿no?) y potenciarlos.

Fotos | Architopher, DigiSmile STL (aka Rob n Amy C) en Flickr
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